Alejandro Schmidt | el inesperado corazón de Inés Manzano

Foto: La voz del interior


Alejandro Schmidt | el inesperado corazón de Inés Manzano


hace días murió
se dice
me entero ahora mismo
Inés Manzano

sí yo también fui invitado a Interiores
alguna vez otra

recorro  homenajes en la red

el homenaje es la poesía
servir

en cierta ocasión me invitó a leer 
en un centro cultural o algo así 
enfrente de un barcito histórico de Buenos Aires

nos juntamos algunos amigos

(Susana Villalba se enojó porque 
no recordaba su nombre, cara ni nada parecido
Susana Villaba se retiró
parece
porque no se le ocurre
servir)
en fin... que pasó el tiempo y el local o centro cultural o lo que sea
no abría
Inés salió a la calle y al ratito regresó
bien contenta
había descubierto el patio de un club donde
supo
podía leer
había diez,quince personas
en total
y hacia allí...
era un patio como de luz pero más grande
(se oían exhalaciones, inspiraciones de algunos muchachos practicando karate
muy cerca
en otro salón)

la lectura duró dos horas
bajo la noche
se podía fumar,se podía tomar vino,
se pudo...
fue la lectura más larga que hiciera alguna vez
para los oyentes
acaso fue más larga...

hace un mes compartimos un rato en el festival internacional de poesía de córdoba
Inés iba con Celia Fontán
viajaba al ir
de la poesía

charlamos
poco

después la vi por 27 de abril con Celia
(seguramente hacia la Biblioteca Córdoba)

estaba sentado en El Ruedo
(un bar detrás de la catedral)
después
me parece
 no la vi más

(qué ocurre en los ruedos
y qué en la catedral)

lo que pueda decirse de aquellos
poquísimos
poquísimos
que sirvieron a la poesía
es medio... ¿no?

siempre íntima de lo distante
siempre dulce
y siempre pero siempre
con su inesperado corazón

recuerdo su trabajo en la edición de Susana Thenón

su atenta sonrisa que
se distraía
sin embargo

casi nos íbamos a juntar
en mayo
para evocar a Cayetano Guzmán
(poeta colombiano argentino colombiano con quién fundó y cumplió una parte del ciclo Interiores)
y casi nos juntamos el año pasado 
no pude
porque
casi nunca llego a Buenos Aires (prefiero no viajar al extranjero)

vivía envuelta Inés
tengo la sensación
en esos rescates de la muerte

lo más importante de morir
es volver.


Alejandro Schmidt. (Hurtado de su blog)

Carina Sedevich | Gibraltar



Carina Sedevich | Gibraltar 



Dispongo una manta a los pies de la cama.

El fulgor de la luna en la ventana
se disipa cuando cierro los postigos.

Escucho a mi gata mientras bebe
de una taza olvidada en la cocina.

La noche entre las dos es agua dulce.
El corazón no se recoge ni desborda.

Comprendo que la soledad, como el amor,
trascurre mejor para un espíritu austero.



/


Mi hijo llama por la madrugada desde Gibraltar
donde hay mucha bruma sobre el mar, me dice.

Aquí se escuchan los teros sobre el campo.

El eco de la bomba de mi corazón
podría percibirse con las manos.
Quizás como una soga áspera y mojada
bajando la roldana de un aljibe.

¿Es posible el frío que sube desde el agua?
Tal vez el frío, hijo, nos perviva.


/


El olvido es un fruto que requiere trabajo.

Casi siempre tardío, pero rara vez dulce.
No es uva ni es la parra donde pende el racimo.

No es como la sombra que daría la parra
ni como sus raíces contraídas y bruscas.

Se parece a la piedra del cantero y la fuente
que apisona la parra, que la ordena y la ciñe.

*

Hay que hacer saltar el olvido de un golpe
como a una piedra caliza en la cantera.

Que se entibie en la mano que quiera tallarla.
Sea opaca a los ojos. Sea venérea y ajena.

*

Una piedra tan blanca es casi como un niño.
Casi un sacramento para mí.

Inclino mis huesos como panes ácimos
sobre cunas que guardan el amor ajeno.

Qué fue de la ternura que pude sentir.
La siento en la garganta bajar como una hostia.


/


Mi corazón, aunque avanza el otoño,
anda ligero como las isocas.

Que alguien me libre de pisotear, borracha,
la flor que crece en el solar que amo. 



  

Carina Sedevich (Santa Fe, 1972), Gibraltar. Dínamo poético editorial. Unquillo. Córdoba. 2015.

Jorge Aulicino | Crespúsculo



Jorge Aulicino | Crespúsculo


Se resiste a la tragedia el tiempo
a pesar de la ceniza volcánica que cubre
suburbios de esta ciudad y ciudades enteras.
Si miro los árboles, no sangran en una selva dantesca:
tienen un aspecto más bien indiferente y
fríamente taciturno;
en lugar de brasas, los números luminosos
del transporte colectivo parecen caramelos
en vidrieras heladas.
No nos atrape este Vesubio en extrañas
contorsiones en las casas no santas,
dice mi amigo, pues sería una forma trivial
de que el futuro nos recuerde. Queden
sólo números encendidos y raras sagas
de vampiros hemofílicos como pregunta
sobre esta enigmática superficialidad.


Jorge Aulicino (Buenos Aires, 1949), El camino imperial. Escolios. Ediciones Ruinas Circulares. Buenos Aires. 2012.

Gabriel Jiménez | Motín

Foto: Julieta Tornello



Guachero


Es por mí que se va a la ciudad del llanto, 
es por mí que se va al dolor eterno (…) 
abandona toda esperanza si entras aquí. 
Dante Alighieri 


No todas
las puertas del infierno
decían eso,
algunas quizás
sólo tenían
cinco puntos
dibujados
en la pared
de una garita;
en estas puertas
no hace falta
ningún poeta
que te acompañe
en la antesala,
caminás
con las manos atrás
entre las rejas y los alambrados
ya no importa nada,
ni hay carteles
que digan
caíste al Guachero,
el sistema
te lo hace saber
por otros medios:

estás solo
y no hay salida.



Anticoncha


Le aplicaron esa
antes de darle

para que sepa
por qué recibe,

y lo corrieron del pabellón.

No se le pega a las mujeres
y mucho menos
delante de la visita.

Es ley.



Paradoja tumbera

La palabra Libertad
está escrita
en todas las celdas.



Gabriel Jiménez (Mendoza, 1982), Motín. Ediciones Culturales de Mendoza. 2015.

Anuar Cichero | Ruinas de Chuang-Tzu




Anuar Cichero | Ruinas de Chuang-Tzu


las cien escuelas de kung fu
marchan a la guerra
se encontrarán en los campos de arroz
cada uno se deja llevar 
por el camino que indica su ocaso

/

miles de cuerpos yacen tendidos
sobre los campos púrpura
signos de una lengua muerta
que ya nadie habla ni escucha

las artes de la escritura y la espada se asemejan
basta un movimiento rápido y preciso de la mano
para hacer el trazo que hiera al oponente
o dibuje en su caída

el signo indeleble del cuerpo


/

(genio del río)

todas las tardes
la pesca es un modo de estar
a la orilla de las cosas que pierden consistencia

a veces escucha
la corriente devuelve una advertencia
"ya no hay vida al otro extremo de tu caña"

todas las tardes serán de pesca y espera
hasta que la tanza se corte



Anuar Cichero (Chubut, 1986), poemas inéditos, cortesía para este blog.

Maximiliano Spreaf | pone su navaja en mi cuello...

  


Maximiliano Spreaf | pone su navaja en mi cuello... 


pone su navaja en mi cuello
hinca despacio y dice
soy tu flor nublada
nací de los murales católicos del norte
quiero ver si tu sangre
merece habitar mi tierra

su carcajada y su beso duraron seis meses

hice el cálculo de su risa
vertí mi lágrima post medianoche
en el umbral de su espalda
sople el puro viento de oriente

punk not dead dijo el sepulturero
y partió de un hachazo la tapa de su ataúd




/



cuando no hay nadie atrapado en mi jaula
te extraño

doy golpecitos al ataúd
escucho tu promesa

dejo las pastillas en la mesa de luz
duermo con tu vestido puesto

/



¿no somos acaso esclavos de vientres secos?
¿no es la soledad odio y nada más?
¿un golpe de aquél que no esperábamos?
la humanidad es niebla
y los demás un monstruo de mil cabezas
y cientos de miles de mujeres huyen a Lesbos
y muchos más hombres veneran a Dioniso
la locura ritual arrastra al silencio
solo queda eternizado el golpe


la libertad no sos vos ni el barrilete
la libertad es el hilo que te quema las manos


Maximiliano Spreaf (Buenos Aires, 1975), poemas de cortesía para este blog.

Eugenia Cabral | La voz más distante




Eugenia Cabral | La voz más distante


Claroscuro

Doncella oscura,
pliegue de cortinaje
más leve que la sombra
que desearía sostenerte
porque, al menos,
ella es una sombra,
una memoria
de perdido destello
y hasta -quizás-
ocultamiento de una luz.
Pero la ausencia que tiene
tu cuerpo es un destino,
bella sombra esclavizada
al rey que te abandona
(cada día) por una amante 
que ni siquiera posee
la oscuridad de tu voz.

/


Tantas veces has creído
que no volverías a ver la luz del día,
que no remontarías la punta de tu dedo
fuera del borde de la ventana
y, ahora, como si nadie te mirase,
encuentras -demorados en el patio-
la brevedad de la tarde, el cansancio
y la huella de salitre que ha calado las paredes.
Sin embargo, no es coherente,
¡si estás muy lejos del mar,
de los salitres, de toda salina!
¿De qué manera el salobral
podría carcomer los revoques de tu casa,
las punteras de tus zapatos?

Mas, aunque dudes, ahí estás,
comprobando la improbable huella,
el salivazo despiadado
de una sal que no escogiste.



Eugenia Cabral (Córdoba, 1954), La voz más distante. Pan Comido. Córdoba. 2015.

José Ioskyn | Manual de jardinería



José Ioskyn | Manual de jardinería


Una tarde de lluvia me recibió con un pantalón y una remera blancos, yo tenía los pies embarrados por el camino que iba hasta su casa. Nos dormimos, abrazados, con el sonido de la lluvia cubriéndonos. Cuando me desperté miraba una revista en la cama. 

Me di cuenta de que mi marido es el único que puede hacer algo con mi locura.

Me sentí torpe, con la miopía del que no ve que una amante es una mujer que está jodida, y a la cual no hay que moverla demasiado, como a las cajas que dicen “frágil” y “este lado hacia arriba”.  
Hay que respetarles aún más cosas que a las propias esposas, cuidarlas, hacerlas sentir hermosas, hacerles regalos, acompañarlas en todo aquello que no les fue dado en el matrimonio, y saber hacer silencio, que es el trabajo más difícil de todos aquellos que los dioses les dieron a los hombres.


José Ioskyn (La Plata, 1962), Manual de jardinería. Barnacle. Buenos Aires. 2016.

Lea más acá o pídalo a su librero amigo.

Santiago Moabre | El idioma de las películas




Santiago Moabre | El idioma de las películas



Un día me invitó a tomar algo. Le pregunté a dónde le gustaría ir. 
—No sé, elegí vos. 
La llevé a un bar, y le pareció que no tenía onda. Fuimos a uno que le había recomendado su mejor amiga y tampoco le gustó. Entonces le propuse ver una película en su departamento. 
Y ni bien llegamos se puso a responder mails. 
—En 10 termino —me dijo.
—Ok.
Bajé la persiana de la habitación y me metí a la cama. 
Al rato me despertó. 
—Mi ex me cogía todas las noches. 
—¿Qué? ¿En serio me despertás para decirme esto? Que te coja tu ex. 
Intenté dormir de nuevo pero no me dejó hasta que cogimos: cuando acabé, me vino como un relámpago a quién me hacía acordar. 
Se lo dije a la mañana siguiente. 
—Te parecés a la hermana de Darín. 
—No la ubico. 
—Es una actriz. 
Cuando me entré a bañar, la buscó por internet. Después abrió la cortina de la bañera y me dijo: 
—Esa mina no tiene cara de nada. 
—Para mí es una linda mujer. 
—Para mí es horrible. 
El enojo se le pasó a los pocos días. Pero ese viernes me invitó a la casa y le inventé una excusa. 
—Estás raro —me dijo.
Y me sometió al mismo interrogatorio de siempre.
—¿Te pasa algo? 
—No. Estoy lo más bien. 
—¿Seguro? 
—Segurísimo. 


Santiago Moabre (Buenos Aires, 1988), El idioma de las películas. Barnacle. Buenos Aires. 2016.
Lea más acá o adquiéralo en su librería amiga.

Adrián Sánchez | El ángulo



Adrián Sánchez | El ángulo


Espero acostado
que Laura se duerma
y entonces bajo a nadar.

Ella no puede mojarse.
Algo dentro de su cuerpo
necesita estar seco
por cinco días.

Nado despacio para no despertarla.
Pero también
para que el fondo no se agite
y el agua se enturbie.

A veces dejo de bracear
y flotando en la oscuridad
me pregunto qué sería de mí.

Si tantas cosas.
Qué sería de mí.



/


Una tarde corrí
entre gallinas espantadas
con mi primer amor
desnuda sobre mis hombros.

Ella reía nerviosa
porque nos habían descubierto
y pronto sentí su pis
cayendo por mi espalda.

Cuando ya no pudimos escapar
me puse en cuatro patas
para que pudiera desmontarme.

Recuerdo la presión
de sus muslos en mi cuello
como una despedida.

Después los talones
blanquísimos en el barro.

El vaivén del pelo y los brazos
mientras seguía a la abuela.

Se iba.



Adrián Sánchez (Buenos Aires, 1970), poemas de su libro El ángulo, aún inédito.

Jonio González | Sueños en cubierta



Foto: Daniel Mordzinski, 2013




Jonio González | Sueños en cubierta


I

tienes que conducir
este barco y a esta gente
adonde han de ir
tienes que abrir las puertas
que ellos y tú desconocéis

se abrirán hacia este barco
y esta gente
e ignorarás cuanto veas
e ignorarán cuanto vean
y esa será la señal
de que habéis llegado


II

¿qué vendrá después?
¿qué esperas que venga?
¿el retrato de ella
las huellas de tus hijos en el barro?
¿reflejos que son como el reflejo
de un cuerpo a punto
de desvanecerse?
¿y si ese cuerpo fuese el tuyo?
¿y si te condujera a otra puerta?
¿y si esa puerta no se abriese
aunque te pasaras llamando
el resto de tu vida?


III


harás un pacto
apoyarás la mano
sobre la losa helada
no será frío lo que sientas
sino el rumor
de voces que te llaman
y cada recuerdo
sellará la boca
del que miente



Jonio González (Buenos Aires, 1954), poema inédito cortesía para este blog.

Paula Oyarzábal | La dama de uva



Paula Oyarzábal | La dama de uva


1

Inhalo / exhalo
a veces para curarse de 
una cosa hay que enfermar 
de otra, enfermar la vía 
el conducto, enfermar el camino 
el acceso a la sombra
infectar el sendero
el grupo de órganos
el aparato, enfermar 
los alvéolos, la ruta aérea
obstruir el aire 
por la ventana, por la calle
por la ida, la huida 
la fuga, enfermar
de respiración 



2

Todo lo hago en casa 
el almíbar
los higos
los poemas

la lectura
la siesta
el amor

las ganas 
las tengo 
en casa

las cartas
los manuscritos
la tinta
las notas
las tengo en casa

en casa
hago las canciones
el desayuno
el huevo duro
el cactus
el almuerzo de mi padre
la calabaza
las manzanas
el arroz blanco 
lo hiervo en casa 


3

No vi nada

ni la plaza, ni el aroma
ni el auto girando
ni la canasta de mimbre
ni yo
ni mis pies
ni el final del poema
ni en todos mis sueños

ni la sal del orégano
ni la miguita de pan
ni la canción 
ni el miedo
ni el azul
ni el caballo con alas
ni la semilla 
ni puta parió 
ni vos
ni yo 
ni el vino derramado

ni la canción de esperar
ni mañana es mejor
ni todavía es ayer
ni nada de nada
ni todo tampoco 

ni el romero
ni el paquetito de menta
ni tan mucho 
ni tan poco
nada de nada vi

Paula Oyarzábal (Córdoba, 1979), La dama de uva. Inédito.

Entrevista GG por Iván Wielikosielek

Foto: Malena Q


Griselda García: “Corregir poesía es un métier de amor”

Miércoles, 4 de mayo de 2016 

Desde hace un año la escritora porteña Griselda García dirige la colección lírica en Ediciones del Dock de Buenos Aires. Tras participar del último Festival Internacional de Poesía de Córdoba habló de lo que significa olvidarse de sus propios versos para ejercer un oficio que combina el rigor crítico con la percepción estética


Entrevista por Iván Wielikosielek... acá





Joni Mitchell | Un chico extraño


Foto: Norman Jean Roy 



Joni Mitchell | Un chico extraño

[Traducción: Griselda García]

Un chico extraño zizaguea
un rumbo de gracia y caos
en una patineta amarilla
por el tránsito del mediodía en la vereda

Justo cuando creo que es tonto e infantil
y yo quiero que sea un hombre
encuentro que mi tonta y mi niña
necesitan amor y comprensión

Qué extraño chico extraño
todavía vive con su familia
ni la guerra ni la marina
podrían hacerlo madurar

Sigue hablando de los días de escuela
y aferrándose a su niño
movedizo y acosado
su loca sabiduría conserva algo salvaje
me pidió que sea paciente
bueno, fallé
“¡crecé!”, le grité
y mientras el humo se disipaba me dijo
“dame una buena razón para hacerlo”.

Qué extraño chico extraño
ve los autos como conjuntos de olas
secuencias de masa y espacio
ve el daño en mi cara

Nos drogamos con viajes
y nos emborrachamos con alcohol
y con amor, el veneno y la medicina más fuerte de todas

Mira cómo ese sentimiento viene y va
como la atracción de la luna en las mareas
ahora estoy surfeando y levantándome
ahora resecas costillas de arena a su lado

Qué extraño chico extraño
le di ropas y joyas
le di mi cuerpo tibio
le di poder sobre mí

Mil ojos de vidrio miraban
en un sótano lleno de antiguas muñecas
encontré un viejo piano
y dulces acordes subieron en pasillos encerados de Nueva Inglaterra

Mientras los pupilos roncaban
bajo las crujientes sábanas blancas del toque de queda
éramos amantes nuevos entonces
éramos fuego en la casa de las reglas rígidas




A Strange Boy
by Joni Mitchell

A strange boy is weaving
A course of grace and havoc
On a yellow skateboard
Thru midday sidewalk traffic
Just when I think he's foolish and childish
And I want him to be manly
I catch my fool and my child
Needing love and understanding

What a strange strange boy
He still lives with his family
Even the war and the navy
couldn't bring him to maturity

He keeps referring back to school days
And clinging to his child
Fidgeting and bullied
His crazy wisdom holding onto something wild
He asked me to be patient
Well I failed
"Grow up!" I cried
And as the smoke was clearing he said
"Give me one good reason why"

What a strange strange boy
He sees the cars as sets of waves
Sequences of mass and space
He sees the damage in my face

We got high on travel
And we got drunk on alcohol
And on love the strongest poison and medicine of all
See how that feeling comes and goes
Like the pull of moon on tides
Now I am surf rising
Now parched ribs of sand at his side

What a strange strange boy
I gave him clothes and jewelry
I gave him my warm body
I gave him power over me

A thousand glass eyes were staring
In a cellar full of antique dolls
I found an old piano
And sweet chords rose up in waxed New England halls
While the boarders were snoring
Under crisp white sheets of curfew
We were newly lovers then
We were fire in the stiff blue-haired house rules


© 1976. Crazy Crow Music

Joni Mitchell (Canadá, 1943), del extraordinario disco Hejira, 1976. Traducción: Griselda García



N.B.: Esta traducción se revisa con periodicidad. Si copia y pega en su sitio, vuelva a menudo a ver cómo avanza (o retrocede).

Alicia Genovese | La contingencia



Alicia Genovese | La contingencia


La apaleada

En la adormidera del ocio
de enero
vino la apaleada,
el pelaje agujerado, 
el barro viejo
sobre sus manchas blancas.
Teclas sordas tocaba 
debajo de la casa
como si no estuviese.
Débil me seguía
a todas partes
con su flacura de caderas.
Días pasó de abandonada
de cara a mí
que me movía por el terreno
con la tarea secundaria
de no verla.
Muda permaneció,
la cabeza baja,
cuando yo hacía
el aspaviento de echarla
hacia el hogar inexistente. 

En el felpudo de sus noches
quedó su fantasma
de apaleada
y reaparece sobre mi ocio.

Cómo haré para no ser yo
la inexistente, mi doble
sobre el yute
polvoso de la puerta.

//


el pescador de perlas
que se sumerge
una y otra vez
en el agua,
debe saber de lo que hablo

alguien que saborea
un fruto aceitoso y semiamargo
para seguir amando
la cáscara que lo contuvo,
debería comprender

el coleccionista exquisito
que en la falta de nitidez
de una piedra preciosa
reconoce

la línea irregular
que la hace
única, sabe
lo que digo

la luciérnaga que encuentra
una noche al fin
para su sístole y su diástole,
me comprende perfectamente

nada tengo que explicarle
a esta mosca
yendo y viniendo obsesiva
por una gota dulce del desayuno

eternamente podría entenderme
con el pescador de río
la canoa a oscuras
los ojos atentos en la línea quieta

hasta que el farol alumbra
muy cerca, la esperada
tan cerca, la inequívoca
ondulación del pez



Alicia Genovese (Buenos Aires, 1953), La contingencia. Gog y Magog. Buenos Aires. 2015.

Gerardo Grande | Que el silencio se haga en mí...



Gerardo Grande | Que el silencio se haga en mí... 



Que el silencio se haga en mí   que la unión de los colores se haga en mí   que el inicio de los tiempos se haga en mí   y que mis ojos miren todo por vez primera   Que pueda nombrar de nuevo las cosas   Olvidar que el árbol es árbol y regalarle la capacidad de volar   Que la piedra cante   caudalosa   rumbo al mar del sueño   Que descubra la sonrisa de quien juega con la infancia del sol   Que la danza   el canto y la escritura me besen otra vez   que mi corazón aprenda de la expansión de este desierto   pues bajo tormenta o a cincuenta grados a la sombra siempre está dispuesto a dar vida   Que mi lengua no olvide el sabor de tus pechos   tú que amamantas a toda la flora y a toda la fauna   y al resto también   Que alguien pruebe mi carne y conozca su cerebro   y ese alguien camine erguido y se distinga de los animales por su capacidad para tocar la armónica   y arar el cielo y besar la tierra y por su capacidad de tocarse a sí mismo   Que de mí liben las abejas y en mí se tire el toro a recordar el día de su nacimiento   Que pueda volver a la noche a la que siempre quise volver

/


Ya no voy a llorar esta noche   mamá   pero no te vayas   dijiste que cada grano de arena en el desierto es un niño que no quiso callarse y yo llevo días sin hablar   Esto que digo sólo me suena adentro   Mi voz es lo único que tengo   mi voz es un campo de girasoles que me crece y en ese campo corro desnudo   mi voz es el cielo y mi voz es mi amigo   mi voz se llama Woody   se parece a mí aunque nunca me he visto   pero a veces también llora y tiene la herida en el pecho como yo   Mi voz te descubre antes del amanecer   observa cómo te pierdes en el desierto donde las cosas no tienen nombre   desde la puerta de la casa mi voz mira cómo te sigue un animal de cuatro patas   Irene   las letras caen de tu cuerpo y grito pero mi grito es inútil   te llamo de muchas maneras   niña   tormenta   hermana   y no miras hacia atrás   en ese momento tu nombre no sale de mis labios porque sus letras ya mojan la arena y forman el cielo de niños que viven enterrados   Yo no quiero que me entierren   mamá   yo no quiero dormir porque saldrás huyendo   pero aun así te vas   te pierdes en la línea donde se une el cielo con la arena   Luego el sol araña mis ojos y ya no puedo ver   Aves negras vuelan en círculos sobre ti   bajan   se llevan una parte tuya y vuelven a volar para perderte en el cielo   arriba suena una banda de banjos y violines y mi voz canta   Aúllan los lobos de mi cabeza   treinta aves vuelan alto   treinta ataúdes negros que llevan tu nombre que vuelan con mi infancia colgando del pico


Gerardo Grande (Ciudad de México, 1991), Fiesta bravaNeutrinos. Entre Ríos, Argentina, 2015.

María Julia Magistratti | Pueblo


Foto: Sebastián Miquel



María Julia Magistratti | Pueblo



No me gustan las cosas que llegan por la noche.

El circo que ocupaba el descampado 
con una sigilosa extravagancia montaba sus destartaladas piezas.
Y a la mañana siguiente, en la panadería, 
unos seres animados e irreales,
ocupaban el espacio,
desorientando a los niños, los perros y las viejas
que volvían a sus casas sin el mandado.

No me gustan las cosas que se instalan por la noche
como una amenaza que se dice por lo bajo.

Los soldados que todos los 9 de julio esperaban a los gallos 
y el desfile,
hacían el chocolate en los tanques despintados,
el frío del amanecer apretaba la entrepierna 
de los raídos trajes verdes
y el casco helaba el cuero de la cabeza,
los pibes colimbas meaban la leche recién ordeñada.

Abanderados y escoltas aparecían en el horizonte 
como un sol artificial
con maestras que ya murieron de cáncer y desconsuelo.
La noche anterior, las madres almidonaban los uniformes 
y delantales apretando la plancha sobre los dobladillos, 
descargando la furia sin más de entregar a sus hijos a los ojos 
de interventores, generales, jueces, párrocos y altivas 
directoras de escuela.

Mi abuela decía “nunca crean en nada que tenga polleras: 
ni directoras ni ingleses ni sacerdotes”.

No me gustan las cosas que se instalan por la noche
como una verdad susurrada que se dice una sola vez

o una sirena
que no viene de ningún lado
pero viene hacia nosotros.


María Julia Magistratti (Azul, 1976), Pueblo. La Gran Nilson. Buenos Aires. 2015.

Javier Roldán | pyahu



Javier Roldán | pyahu


el acento guaraní surge en tu voz
por momentos

surge por ejemplo
cuando los ríos ceden 
y te enojás 
y tu alma asoma
dulce plañidera con el llanto
de un guyra campana 
que no huye
porque está enselvado
y sus alas se enredan
con la exuberancia del verde voraz

surge por ejemplo
cuando sos mi maestro,
y aprendiz en la cama te pregunto
¿cómo se dice mano en guaraní? “po”    
¿cómo se dice dedo en guaraní? “cua”

y mi risa resuena en la habitación
con acordes de arpa
porque el mundo vuelve a ser virgen
después de cuarenta años


Javier Roldán (Morón, Buenos Aires, 1975). Poema inédito de la serie "Rohayhu tereí".