Rumi, Deseo


Rumi, Deseo


Un Amante conoce sólo la humildad,
no tiene elección.
Merodea por tu callejón a la noche,
no tiene elección.
Ansía besar cada mecha de tu cabello,
no te preocupes,
no tiene elección.
En su frenético Amor por ti 
ansía romper las cadenas de su prisión,
no tiene elección.

El amante preguntó a su Amado:
"¿Te Amas a ti más que a mí?"
El Amado respondió:
"He muerto para mí mismo y vivo para ti,
He desaparecido de mí mismo y mis atributos,
Estoy presente solo para ti.
He olvidado todos mis conocimientos,
pero conociéndote, me volví un sabio.
He perdido toda mi fuerza,
pero con tu poder, soy capaz. 
Me Amo a mí mismo.
Te Amo a Ti.
Te Amo a Ti.
Me Amo a Mí Mismo."

Soy tu Amante,
Ven a mi lado,
abriré la puerta a tu Amor.
Ven a quedarte conmigo,
seamos vecinos de las Estrellas.
Has estado escondido tanto tiempo,
a la deriva infinita en el Océano de mi Amor.
Aún así, siempre has estado conectado conmigo.
Oculto, revelado, en lo normal, en lo no manifiesto.
Soy la Vida misma.
Has sido prisionero en un pequeño estanque,
yo soy el Océano y su turbulenta inundación.
Ven a fundirte conmigo.
Deja este mundo de ignorancia
Sé conmigo,
abriré la puerta a tu Amor.

Te Deseo más que a la comida o a la bebida.
Mi cuerpo, mis sentidos, mi Mente,
anhelan tu sabor.
Puedo sentir tu presencia en mi Corazón.
Aunque pertenezcas a todo el mundo,
yo espero en Silenciosa Pasión,
por un gesto, una mirada Tuya. 


[traducido del inglés por GG] 


Se lo puede escuchar bastante bien recitado acá.


Rumi, poeta místico musulmán persa y erudito religioso. Nació en 1207 en Balj, actual Afganistán, y murió en 1273. Su poesía, como la de otros escritores sufíes, está enfocada en el concepto de tawheed (unidad) y la unión con el Amado (la fuente principal) de donde hemos sido arrrancados, y del constante lamento por esta separación y su deseo de volver a la unión. 


Rumi, Desire

A Lover knows only humility,
He has no choice.
He steals into your alley at night,
He has no choice.
He longs to kiss every lock of your hair,
Don’t fret,
He has no choice.
In his frenzied Love for you,
He longs to break the chains of his imprisonment,
He has no choice.

A Lover asked his Beloved,
“Do you Love yourself more than you Love me?”
Beloved replied:
“I have died to myself and I live for you,
I’ve disappeared from myself and my attributes,
I am present only for you.
I’ve  forgotten all my learnings,
But from knowing you I have become a scholar.
I have lost all my strength,
But from your power I am able.
I Love Myself,
I Love You.
I Love You,
I Love Myself.”

I am your Lover,
Come to my side,
I will open the gate to your Love.
Come settle with me,
Let us be neighbors in the Stars.
You have been hiding so long,
Endlessly drifting in the Sea of my Love.
Even so, you have always been connected to me.
Concealed, revealed, in the norm, in the un-manifest.
I am Life itself.
You have been a prisoner of a little pond,
I am the Ocean and it’s turbulent flood.
Come merge with me.
Leave this world of ignorance
Be with me,
I will open the gate to your Love.

I Desire you more than food or drink.
My body, my senses, my Mind,
Hunger for your taste.
I can sense your presence in my Heart.
Although you belong to all the world,
I wait in Silent Passion,
For one gesture, one glance from You.

Enrique Solinas, Río de la memoria



Enrique Solinas, Río de la memoria


Con el padre íbamos a pescar al río,
eran tiempos lejanos y violentos,
como ya sabrás.
Los peces desaparecían y nadie
era capaz de preguntar por ellos.
Yo prefería bañarme en el río,
que el río me abrace, me atraviese,
entrar en su cuerpo, con la certeza 
de que nadie se baña dos veces
en las mismas aguas.
El padre pescaba y luego,
devolvía al río sus peces.
“Cada cosa en su lugar”, 
decía el padre,
“lo que viene del agua,
al agua debe ir”.

Con el padre íbamos a pescar al río,
había peces de colores diversos,
como ya sabrás.
Yo tenía siete años y me creía pez,
compartía con ellos 
un ritual incomprensible.
Había uno que siempre aparecía
y tenía el color de la esperanza.
Había uno que siempre se mostraba
y de repente desapareció.

Lo buscamos por toda la eternidad,
lo buscamos, lo buscamos 
a lo largo y a lo ancho del río. 
Nadie quiso decir en dónde estaba.
Nadie pudo explicar 
adónde van 
los peces cuando mueren.

Y todavía hoy, 
que ha pasado el tiempo,
cierro los ojos y recuerdo,
y me sumerjo en las aguas, 
otra vez.

Viene hacia mí de nuevo
el pez de la esperanza.

Voy de nuevo hacia él,
como la única verdad posible.



Enrique Solinas (Buenos Aires, 1969). Poema inédito.

Mario Trejo, Gatsby blues



Mario Trejo, Gatsby blues


Tengo amor y lo doy
Alguien me extraña
Otros me necesitan
Tengo recuerdos inmortales
Y olvidos de ruedas que giran al revés

Pienso toda razón
Y siento como un místico
Mi Yo hizo las paces con el Otro

Sólo me faltan 900.000 dólares para ser feliz.


Mario Trejo (Argentina, 1926 - 2012), El uso de la palabra. Ediciones Colihue.

Soledad Castresana, Selección natural



Soledad Castresana, Selección natural


La supervivencia del más leve

Dejo esta piel sobre la tierra
como una sombra abierta.

Ahora soy liviana y hermosa
y no voy a renunciar al veneno.


Tiburón

Solo lo que se mueve y sangre
es digno
de alimentar a un dios.


Madre e hija

Esperamos 
que vuelva el hombre
con las manos vacías
y se entregue
como alimento.


Liebre

Una estrella 
me imanta los ojos.

Se escucha un estruendo.
Espero en la luz.



Soledad Castresana (Intendente Alvear, La Pampa, 1979), Selección natural. Fondo editorial pampeano. Santa Rosa. 2011.

Osvaldo Bossi, Negra es mi noche, porque no te tengo



Osvaldo Bossi, Negra es mi noche, porque no te tengo


XI Fortinbrás

Estás con otro, lo sabe todo mi cuerpo;
me revuelvo sobre la cama como un animal
herido, que no encuentra paz. Pero
si el que me ama sos vos ¿por qué la sola idea
de verte en otros brazos me quita la razón 
y se lleva mi calma? Lo imagino liviano
y pesado a la vez; el sexo que se levanta o duerme,
acorde con tus insistencias, el hilo de saliva
que de tu boca cuelga y ata esa estructura 
rígida, y el corolario de un olor masculino, mezclado
con el de otro -un niño o una niña- y que recibís
extasiado. ¿Puede ese cuerpo hacerte olvidar
el sólido cuerpo de Fortinbrás, la violencia 
con que cada tantas noches trato de hacerte mío?
Porque sos vos el que me amás, sos vos
el que se lleva mi cuerpo...


XXX Fortinbrás


Negra es mi noche, porque no te tengo.
¿Cómo pude cruzar esos muros de acero 
y no ver lo que había del otro lado, 
no este cuerpo que ya no alcanza
sino mi amor crecido en la soledad?
Pero soy de vos como no lo soy
de mí mismo, y algo me falta. Ese que ahora
te limpia con sus labios y tiernamente
te vivifica ¿es mejor que yo? ¿puede darte
otras cosas? Y para llegar hasta vos
¿es necesario que piense primero en él,
la tortura de quien te posee, como si fuera
él mi obstáculo y no vos? Los cuerpos
no son cosas; deberías escuchar mi dolor.



Osvaldo Bossi (Buenos Aires, 1963). Fiel una sombra. Viajero insomne. Buenos Aires. 2014.

Ignacio Di Tullio, Aquel difuso ser que no soy


Ignacio Di Tullio, Aquel difuso ser que no soy



A través de la oscuridad

A través de la oscuridad
veo la percha
colgando de la puerta del placard.
Mi uniforme de hombre
prolijamente dispuesto
como cada noche:
pantalón, camisa
y un saco arrugado por el cansancio
esperan que dentro de cinco horas
alguien les preste un cuerpo.
Una humanidad duplicada
ficha y cumple horarios,
los trabajos nocturnos
a espaldas del mundo.
Son las dos:
aquel difuso ser que no soy
cuelga de una percha.
Se cobra cada hora
y espera a que se hagan las siete
para que alguien me vuelva a llamar
como dicen que me llamo.



El sudor de mi padre

Cuando yo tenía siete años, todas las mañanas después del ejercicio, mi padre dejaba su remera colgando del perchero, secándose. Mientras se duchaba, yo entraba a su habitación y olfateaba con curiosidad biológica. Varias veces al día regresaba a comprobar cómo variaba el olor del líquido seco en su ropa. No tenía la violencia del uniforme de los desconocidos. Con el correr de las horas, la ropa de mi padre se transformaba en el sudor seco de sus respiraciones. Mismas ropas, vueltas a sudar, cada día, durante semanas. Otras veces, después del trabajo, en sus camisas, la calle: los lugares donde había estado. Cuando yo tenía doce años, en la intemperie seca en su ropa, la esencia densa y concentrada de quien él era. Mi padre, sus jugos: no recuerdo el día exacto en el que todo el proceso fisiológico se convirtió en un solo aliento. El día de la transpiración, cuando agua y palabras brotaron de una misma sangre. 



Ignacio Di Tullio (Villa Adelina, 1982).

Gary Snyder, Sin dejar la casa



Gary Snyder, Sin dejar la casa


Cuando Kai nace
Yo dejo de salir

Deambulo por la cocina – hago pan de maíz
No permito entrar a nadie.
El correo es escaso.
Masa yace sobre su costado, Kai suspira,
Non lava y barre
Nos sentamos y miramos
A Masa dando de mamar, y bebemos té verde.

Cuentas turquesa navajas sobre la cama
La pluma de la cola de un pavo en la cabecera
La piel de un tejón de Nagano-ken
Como colchón; bajo la sábana;
Un pote de yogur asentándose
Bajo las mantas, a sus pies.

Masa, Kai,
Y Non, nuestra amiga
En la luz verde del jardín reflejada
Sin dejar la casa.
Desde el amanecer hasta la noche tarde
haciendo un nuevo mundo de nosotros
alrededor de esta vida.



Not Leaving the House

When Kai is born
I quit going out

Hang around the kitchen – make cornbread
Let nobody in.
Mail is flat.
     Masa lies on her side, Kai sighs,
     Non washes and sweeps
We sit and watch
     Masa nurse, and drink green tea.

Navajo turquoise beads over the bed
A peacock tail feather at the head
A badger pelt from Nagano-ken
For a mattress; under the sheet;
A pot of yogurt setting
Under the blankets, at his feet.

Masa, Kai,
And Non, our friend
In the garden light reflected in
Not leaving the house.
From dawn till late at night
     making a new world of ourselves
     around this life.


Gary Snyder (San Francisco, California, 1930), Regarding Wave. New Directions Books. New York. 1970. Traducción: Griselda García. 


N.B.: Esta traducción se revisa cada tanto. En un tiempo puede cambiar.


Laura García del Castaño, El animal no domesticado



Laura García del Castaño, El animal no domesticado


Son católicos?
Lo crió una tía
Ayer preguntó por su hermano
Se la podrá teñir?
Me dijo de sacar del fondo la rosa oliva
Era hombre o mujer?
No se le puede mover el cuello
El martes cenamos en casa
Cuánto es todo?
Dejó de sufrir
Para qué lado sale el cortejo?
No tengo recibo
Se podrá cerrar la sala?
Tenía parálisis facial
Y la ropa?
No hay pasajes
Una mesita para el pastor
Siento un frágil aroma de otro mundo pero no alcanza
El recibo es para el subsidio
Altura aproximada?
Pasaremos toda la noche
Faltan atriles
Si vas traeme puchos
Hay alguna florería cerca?
Alguien sopla en la ceniza un posible fuego
Hay que corregir el certificado
Qué hablaron la última vez?
Yo pagué y digo que esa hija de puta no entra
Tendrás un cuchillo para cortar la pizza?
No tenía marcapaso
Cobraba hoy,se podrá hacer algo?
Estará con el nono
Soy el hijo
Seria mi cuñado
Era mi hermana
Es mi padre
Hay velas?
A qué hora lo llevan?
Tienen la boca abierta por la fuga del canto,del espíritu 
y del pájaro
Todavía no caigo
Firme aquí
Cuántos entran en el auto?
Estaba triste
No cierren hasta que venga mi sobrino?
Aceptan débito?
Pedimos por el eterno descanso
El domingo era el cumpleaños
En cinco cerramos
Que ni se le ocurra caer
Se envenenó con una rosa oliva
Fue un aborto
Tenía cáncer
La mató el marido
Lo fui a despertar y estaba helado
Dejó una carta
Las medias no van
El plan incluía el aviso
Pensamos que moriría él primero
Acá velan a Rossi?
Acaban de salir hace diez minutos
Qué poco lo tuvieron.

*-*

Suena Montaner en el teléfono de Marco
mientras arregla a una mujer pequeña
de aspecto apacible.
Afuera el marido camina como un leopardo
La bolsa tiene un vestido floreado, un saco de hilo y un gorro
Y cómo está? -me dice Marco
Linda -le contesto
Miro al techo
en línea recta al ataúd una lámpara y dentro
una mancha borrosa de insectos
Pienso entonces en el sentido de los velatorios
En seres cautivos dentro de sacos translúcidos
en la pequeña luz, no extinguida, que se refracta,
los distorsiona 
y se dispersa


Laura García del Castaño (Córdoba, 1979), El animal no domesticado. Pan Comido Ediciones. Córdoba. 2014

Jorge Ariel Madrazo, ¿Te ame una deidad de pie sobre las uvas?



Jorge Ariel Madrazo, ¿Te ame una deidad de pie sobre las uvas?


¿Te ame una deidad 
de pie sobre las uvas?
¿La preñen tus fémures dinásticos?
¿Arda Ella en deseos por tu
mortal gusano?
¿Y en náuseas por Adonis?
¿Quieres guardarla para ti solo
y el corazón por dentro refrescar?
Nada de mágicos conjuros ni
empollar fantasías como pájaros ni
-mucho menos- reptar el Partenón
en trance de delirio a
cuatro patas:
Ella -la diosa- a quien
todo gozo se debe humillar
es sirvientita y se llama Rosalía en esta
baja tierra
y aunque su novio (lacayo del tal Zeus)
te ha amenazado a sangre
y sevillana
las sábanas de amor de Rosalía
habrás de visitar
en esta noche misma. Así se pudran
tus huesos allí.
Y no temerle al rayo ni a nada.
A nada en este suelo de corteza
atroz.
A la sirvientita y diosa amarás
hasta que (entre jadeos) Ella
la Deidad
mande al demonio mismo
su divina arcilla
para adorarte al fin
-olvidada
de todo- 
con tal prosaica
olímpica
lujuria



Jorge Ariel Madrazo (Buenos Aires, 1931), Para amar a una deidad. Libros de Tierra Firme. Buenos Aires. 1998.

Francisco Madariaga, Criollo del universo



Francisco Madariaga, Criollo del universo


El blanco océano gira en mi corazón
mientras canta el otro océano de
plata amarilla, 
que se desprende de las aguas del sol.

Ya es muy tarde para ser sólo de una provincia, 
          y muy temprano para pertenecer, 
          todo, 
          al planeta del venidero y sangrante
          resplandor.

Oh, acude a mí, a mi jerarquía de peón del planeta, 
           gaucho con trenzas de sangre, 
           mi padre, 
y ensíllame el mejor caballo ruano del
            universo: 
para atravesar el agua de oro de la muerte, 
           y escucharme, 
           todo, 
           siempre en ti.

El blanco océano solloza por la inmortalidad.



Los viajes reales

Sólo los amores podían reclinarme sobre su propio arpegio real de inocencia y de incendio.
Los fuegos de las graciosas tristísimas cuyo rostro se enciende y se apaga a la entrada de los túneles con puertas de manzanos.



Canción

Ah pequeña pecosa,
tómale el agua al plátano.
Parirás con ese líquido en el fondo:
la palmera irritándote el iris
y el pájaro batiéndote en la boca
o en la nuca
recién arrodillada. 


Francisco Madariaga (Buenos Aires, 1927-2000) en "Criollo del universo y otros poemas". Centro Editor de América Latina. Buenos Aires. 1988.

Pablo Gabo Moreno, Tu rito



Pablo Gabo Moreno, Tu rito


Con pasión

Está por arrancar el segundo tiempo
y queremos decirles
que el primer tiempo fue muy pobre,
cero voltaje.
Hoy en el mano a mano
todos pierden con Trapasso.
Trapasso jugó dos
de los últimos diecinueve partidos,
y la bandera alusiva
siempre está:
"Trapasso, ¿para qué te trajimos?"


San Cayetano

Si Cristo no te ama
no esperes en el cobertizo,
vete a las vías de Liniers,
al lado del pasaje Roffo.

Ponte auriculares,
espera a que pase el tren
y que todos digan que te mató
la sordera
o que fallaron los frenos
como declararía el motorman.


Pablo Gabo Moreno (Caleta Olivia, 1974), Tu rito. Ediciones Marfil Seda. Buenos Aires. 2014.

Alexis Comamala, La noticia es el diluvio



Alexis Comamala, La noticia es el diluvio


abre la noche el agua
corona la tibieza llana, su lazo espejado

un río ya sin bordes

montañas de arena acaban con el tiempo
Walden ha comenzado a declinar en la ausencia del bosque

nada crecerá si no es regado por un dios



*-*

la sal revela
el habla extraña de la piedra

su cáliz celestial
entra y sale de los roces
decadentes
de fierros y sudores

lo que aprendió el carbón al quemarse
es cierta verdad sobre lo que acaba


Alexis Comamala (Córdoba, 1979), La noticia es el diluvio. Pan Comido Ediciones. Córdoba. 2014.

Irene Gruss, Tatuaje II


Irene Gruss, Tatuaje II


Versión de Irezumi *


Quizá sea
esa mujer recostada sobre un adolescente
que sufre por mí:
voy a casarme,
la tinta, la aguja
y el plumín
están listos
a un costado, y el viejo maestro
quiso tatuarme así
porque el método es
seguro.
El adolescente tiene
los ojos acuosos, apenas me muevo
o salto por el dolor que
inflinge el canuto de ganso en mi espalda,
como una uña, como incienso
encendido
él me mira
y me toca suavemente los codos.

Si quisiera salir de mi posición
el tatuaje demoraría
y con eso el casamiento: no debo
el futuro esposo
desea ver la espalda desnuda
con dragones dispuestos a lo largo
y flores de cereza, de lis, de manzana
y que mi perfume
se parezca al dibujo.
Quizá sea esa mujer
recostada sobre el adolescente.
El ardor no se soporta
y aquí abajo se trata
de una piel demasiado
tersa que
me ayuda a olvidar esta pluma quemada, persistente,
como pico de pájaro
lengua
o punta
lógica, líquida
sobre la espalda
no, aunque esté ya casi terminado
no voy a casarme
esperaré al aprendiz
del viejo
posiblemente
yo sea
lo que imagino.


 *Este film describe el tatuaje de una mujer a punto de casarse. Siguiendo esta antigua costumbre japonesa el artesano, como método personal, decide colocar debajo de ella a un muchacho, aprendiz del oficio, a efectos de terciar con el sufrimiento.


Irene Gruss (Buenos Aires, 1950), La mitad de la verdad, obra poética reunida 1982-2007). Bajo la luna. Buenos Aires. 2008

Sebastián Hernaiz, De pronto creo tener el tono de un poema...



Sebastián Hernaiz, De pronto creo tener el tono de un poema...


Casas

Zapatillas cuelgan
de los cables,
cruzan calles, me señalan
no sé qué.
En Pomar y Saenz, un cable viejo
sostiene dos zapatillitas de nene. Fumo
y las miro. También acá
hay cables que sostienen
zapatillas colgadas. Me fui
hace diez años, o más, y el azar
de una fiesta una noche me trae
de nuevo a la Pompeya esquina con Boedo.
Las calles empedradas no eran buenas, nostalgia
que deambula en los poemas. Ahora
veo pavimentaron la vieja cuadra en que viví. Camino
de la esquina de la panadería que a esta hora luce opaca
hasta la puerta de casa. Era chico y las cosas
ahora parecen chicas ellas. Un pequeño,
un personal lugar común. A la puerta del garage,
la madera clara, avejentada,
le pusieron un cartel de plástico
“Garage. Prohibido estacionar”. Cruzo,
el balcón tiene rejas que lo envuelven, podaron el árbol
que se colaba en verano a mi cuarto. Nunca me escapé
de mi casa. Era chico y el árbol tenía ramas gruesas,
me golpeaba la ventana. No sé. ¿A dónde
hubiera ido? Las ramas se escalonaban,
a dónde. Las rejas, el cartel
rojo y blanco en el garage, y dos motores
de aire acondicionado
rompieron las paredes. Ya no es mi casa,
cerró la tintorería de al lado, hay un locutorio
donde antes era la carnicería, y el mecánico de enfrente
se mudó a la vuelta, a un lugar más grande. Las zapatillas
cuelgan de los cables que cruzan calles. Chiquitas
de tela roja y goma blanca, tiemblan
con el viento que se lleva
el humo que aspiro. No hay casi tránsito
a esta hora. En la esquina me esperan mis amigos
y cerca hay una fiesta. El cigarrillo
no se acaba y lo tiro
a una zanja aunque no escuche
la brasa que se apaga.



Lectura

Para mañana despertar temprano, por eso de ir a trabajar,
la noche ya nos tiene hace largo rato acostados.
No dormimos, sin embargo, y le leo a mi chica
un poema. Sin importar de quién,
elijo un libro de una fila que se extiende
al borde de la cama. Contra la pared,
libros apoyados en el piso
que se hizo biblioteca al lado del colchón:
no sé cuál leerle, alguno corto,
alguno corto parece lo mejor. ¿Para qué
se le lee un poema a una chica,
en la cama, siendo tarde y que mañana hay que ir a trabajar?
Después de escucharlo, me abraza
y no dice nada. Su piel desnuda
me da calor, así, acurrucada, y sé que cierra los ojos,
quiere dormir. Sigo leyendo
los poemas del libro cualquiera, pero pierden gracia ahora
y los ojos empiezan a pesar, el velador encandila,
las letras adquieren un volumen difuso. De pronto
creo tener el tono de un poema; dejo el libro
tirado boca abajo, apago la luz y me duermo abrazado.



Un pino que en un bosque

El celular silenciado
en la mesa ratona del comedor.
Vos me agarrás de la mano y me hacés carita
con los ojos y me dejo llevar al cuarto.
Queda mi libro abierto sobre el sillón, un mate cebado
con la yerba flotando y la música
encendida de fondo.
Desde el cuarto ya no escucho
nada más del mundo. El teléfono recibe
mensajitos y una llamada lo desliza
vibrando sin ser oído
hasta caer para temblar en el suelo.



Sebastián Hernaiz (Buenos Aires,1981), El prejuicio del sexo. Ediciones VOX. Bahía Blanca. 2014.