Entrevista GG por Marcelo Dughetti


En “Me contó el viejo Antonio”, periódico mensual editado por la Biblioteca Popular y Espacio Cultural “Somos Viento” de San Francisco, Córdoba, Argentina. Número 21, julio 2015.

Joseph Brodsky, Canción de cuna




Joseph Brodsky, Canción de amor


Si te estuvieras ahogando, yo acudiría al rescate,
te envolvería en mi manta y te daría un té caliente.
Si fuera comisario, te detendría
y te metería en una celda con llave y candado.

Si fueras pájaro, grabaría tu trino más alto
para escucharlo toda la noche.
Si fuera sargento, serías mi recluta, y te aseguro
que no podrías resistirte a mi entrenamiento.

Si fueras de la China, aprendería tu idioma,
encendería mil inciensos, vestiría exóticos trajes.
Si fueras espejo, irrumpiría en el baño de damas
para ofrecerte mi labial rojo y maquillarte la nariz.

Si amaras los volcanes, yo sería lava
surgiendo implacable de mi fuente oculta.
Y si fueras mi mujer, yo sería tu amante,
porque la Iglesia se opone firmemente al divorcio.



Joseph Brodsky (San Petersburgo, 1940- Nueva York 1996), Canción de cuna y otros poemas. Traducción: Daniela Camozzi y Walter Cassara. Huesos de Jibia. Buenos Aires. 2012.

Elizabeth Bishop: Un arte



Elizabeth Bishop: Un arte


El arte de perder no es difícil de lograr;
tantas cosas parecen llenas del intento
de ser perdidas, que su pérdida no es un desastre.

Perdé algo cada día. Aceptá la confusión
de llaves perdidas, la hora malgastada.
El arte de perder no es difícil de lograr.

Después practicá perder más lejos, perder más rápido:
nombres y lugares y dónde ibas 
viajar. Nada de esto traerá desastre. 

Perdí el reloj de mi madre, ¡y mirá! la última o
penúltima de mis tres casas amadas se fueron.
El arte de perder no es difícil de lograr.

Perdí dos bonitas ciudades. Y, más vastos,
algunos reinos que tuve, dos ríos, un continente.
Los extraño, pero no fue un desastre.

—Incluso al perderte a vos (la voz bromista, ese gesto
que amo) no habré mentido. Es evidente
que el arte de perder no es muy difícil de lograr
aunque parezca (¡escribilo!) un desastre.



One Art
BY ELIZABETH BISHOP

The art of losing isn’t hard to master;
so many things seem filled with the intent
to be lost that their loss is no disaster.

Lose something every day. Accept the fluster
of lost door keys, the hour badly spent.
The art of losing isn’t hard to master.

Then practice losing farther, losing faster:
places, and names, and where it was you meant
to travel. None of these will bring disaster.

I lost my mother’s watch. And look! my last, or
next-to-last, of three loved houses went.
The art of losing isn’t hard to master.

I lost two cities, lovely ones. And, vaster,
some realms I owned, two rivers, a continent.
I miss them, but it wasn’t a disaster.

—Even losing you (the joking voice, a gesture
I love) I shan’t have lied. It’s evident
the art of losing’s not too hard to master
though it may look like (Write it!) like disaster.




Elizabeth Bishop (Worcester, Massachusetts, 1911- Boston, 1979). The Complete Poems 1926-1979. Farrar, Straus & Giroux, 1983. © 1979, 1983 by Alice Helen Methfessel.


Traducción: Griselda García



N.B.: Esta traducción puede cambiar de un momento a otro. Visite este sitio a menudo y compruebe sus avances o retrocesos. 

Mario Trejo. El combate verbal. UNA FÁBULA



Mario Trejo

El combate verbal

UNA FÁBULA

La poesía corre siempre el riesgo de cometer incesto con la magia y la religión. Cuando la transgresión se consuma, se convierte entonces en una poesía esotérica, un rito de iniciación en el cual las palabras son a la vez velo y vestíbulo de una verdad que está más allá, en otra parte que no conocen las palabras. El acto de crear, el momento mismo de la creación es, en estos casos, la experiencia más cercana a la mística, que es, por definición, no verbal.

Puede argumentarse que una poesía que solicita el conocimiento de claves ocultas o de guiños culturales es hermética. Para que la ostra vuelva a abrirse y permita la esperanza de una perla es necesario, entonces, creer. Creer en la experiencia literaria. ¿Qué quiere decir, en este caso, creer? Sospecho, con temor y duda, que cuando las palabras no nos remiten a un código familiar y domesticado debemos leer en ellas los nombres de un planeta desconocido, nombres para llamar a seres animales y vegetales surgidos tal vez del silicio y no del carbono, piedras desmesuradamente pequeñas para imaginar su peso atroz, rocas ásperas a la vista y dulcemente verdes al tacto, colores que el arco iris olvidó.

Hay un modo único, engendrador, de experimentar toda poesía, gota que oigo caer, veo caer, digo caer. Se trata de luchar duramente con su lenguaje. Si al cabo del combate uno no puede narrarlo con otras palabras y otros gestos, si sentimos que ya no somos el mismo de antes, que algo ha cambiado en nosotros (no importa si creencias, sentimientos o actitudes), entonces quiere decir que la poesía ha tenido lugar, que ocupa ya su lugar dentro de nuestra mente y de nuestro cuerpo.

La ostra se ha abierto. Dentro de nosotros brilla una perla.

Cesare Pavese: Pensamientos de Deola





Cesare Pavese: Pensamientos de Deola


Deola pasa la mañana sentada en el café
y ninguno la mira. A esta hora en la ciudad corren todos
bajo el sol todavía fresco del alba. Ninguno busca,
tampoco Deola, pero fuma pacífica y respira la mañana.
Cuando estuvo en pensión, debía dormir a esta hora
para reponer las fuerzas: la estera sobre el lecho
la ensuciaban con los zapatones soldados y obreros,
los clientes que rompen la espalda. Pero, sola, es distinto:
se puede hacer un trabajo más fino, con menos fatiga.
El señor de ayer, despertándola apurado,
la ha besado y llevado (me iría, querida,
contigo a Turín, si pudiese) con él a la estación
para que le deseara buen viaje.

Está atontada pero fresca esta vez,
y le gusta ser libre, Deola, y beber su leche
y comer brioches. Esta mañana es medio señora
y, si mira a los que pasan, es solo por no aburrirse.
A esta hora en la pensión se duerme y hay olor a encerrado
-la patrona sale de paseo- es estúpido estar ahí adentro.
Para yirar de noche en locales, se requiere presencia
y en pensión, a los treinta, lo poco que queda está perdido.

Deola se sienta mostrando el perfil a un espejo
y se mira en el fresco del vidrio. La cara un poco pálida:
no es el humo estancado. Frunce las cejas.
Se necesita la voluntad que tenía Marì para durar
en pensión (porque, querida señora, los hombres
vienen aquí para sacarse caprichos que no les cumplen
ni la mujer ni la novia) y Marì trabajaba
incansable, llena de brío y regalaba salud.
Los que pasan delante del café no distraen a Deola
que trabaja solamente a la noche, con lentas conquistas
en la música de su local. Echándole miradas
a un cliente o buscándole el pie, le placen las orquestas
que la hacen parecerse a una actriz en la escena de amor
con un joven rico. Le basta un cliente
cada noche, y tiene para vivir. (Quizá el señor de ayer
me llevaba de veras con él). Estar sola, si quiere,
a la mañana, y sentada en el café. No buscar a ninguno.


Pensieri di Deola

Deola passa il mattino seduta al caffè
e nessuno la guarda. A quest’ora in città corron tutti
sotto il sole ancor fresco dell’alba. Non cerca nessuno
neanche Deola, ma fuma pacata e respira il mattino.
Fin che è stata in pensione, ha dovuto dormire a quest’ora
per rifarsi le forze: la stuoia sul letto
la sporcavano con le scarpacce soldati e operai,
i clienti che fiaccan la schiena. Ma, sole, è diverso:
si può fare un lavoro più fine, con poca fatica.
Il signore di ieri, svegliandola presto,
l’ha baciata e condotta (mi fermerei, cara,
a Torino con te, se potessi) con sè alla stazione
a augurargli huon viaggio.

E’ intontita ma fresca stavolta,
e le piace esser libera, Deola, e bere il suo latte
e mangiare brioches. Stamattina è una mezza signora
e, se guarda i passanti, fa solo per non annoiarsi.
A quesr’ora in pensione si dorme e c’è puzzo di chiuso
- la padrona va a spasso – è da stupide stare lì dentro.
Per girare la sera i locali, ci vuole presenza
e in pensione, a trent’anni, quel po’ che ne resta, si è perso.

Deola siede mostrando il profilo a uno specchio
e si guarda nel fresco del vetro. Un po’ pallida in faccia:
non è il fumo che stagni. Corruga le ciglia.
Ci vorrebbe la voglia che aveva Marì, per durare
in pensione (perchè, cara donna, gli uomini
vengon qui per cavarsi capricci che non glieli toglie
nè la moglie nè l’innamorata) e Marì lavorava
instancabile, piena di brio e godeva salute.
I passanti davanti al caffè non distraggono Deola
che lavora soltanto la sera, con lente conquiste
nella musica del suo locale. Gettando le occhiate
a un cliente o cercandogli il piede, le piaccion le orchestre
che la fanno parere un’attrice alla scena d’amore
con un giovane ricco. Le basta un cliente
ogni sera e ha da vivere. (Forse il signore di ieri
mi portava davvero con sè). Stare sola, se vuole,
al mattino, e sedere al caffè. Non cercare nessuno.



Cesare Pavese (San Stefano Belbo, 1908- Turín, 1950), Lavorare stanca. 1943. Traducción: Jorge Aulicino, cortesía para éste, su blog amigo. 

María Teresa Andruetto, Palabras al rescoldo



María Teresa Andruetto, Palabras al rescoldo



Bagna cauda



"... el perfume que da el ajo
hace ir todos los males..."

(de una receta de bagna cauda
traducida del piamontés)


Toma una cacerola

de la mesada.
Échale aceite de olivas
y asiéntala en la hornalla.
Con una cuchilla de asas
muerde, hiere, 
trincha, gasta
hasta desmigajarlas
unas cabezas de ajo
y un pequeño cardumen 
de anchoas saladas.
Y cuando crepite,
ahoga ese derroche
en un litro de nata.
Pero eso solo no basta
si la tierra
no entrega sus frutos
y el corazón no estalla.
Dilo:
¡que a sabiendas
se sumerja cada uno
en la salsa!


Berros


Si te llevan hasta el arroyo

y te seducen sobre la hierba,
inventa una cama de berros
junto al agua fresca.


Espuma de chocolate


Batir un manojo de claras

hasta que se vuelvan nieve.
Esparcirle el azúcar
como una lluvia tenue.
Después 
disolver chocolate
en manteca
y echar esa lava
caliente
a la espuma que crece.
Perfumar con oporto
o con otra bebida fuerte
y sentarse a esperar
que el amor, 
ese Dios implacable,
te castigue
o te premie.



Natilla perfumada



Mejor

que la leche pase
tibia,
por obra de tus manos
desde la vaca
al cuenco
asentado en tu vientre.
Si es así,
sólo bastará espesarla
a fuerza de harina
o de fécula,
mareando la blancura
con una vara
de madera.
No olvides perfumarla
con naranja seca,
con ramas de canela.
Y volverás a ser niño
cuando la comas
bajo la luna llena


El pan



Harina, salmuera y grasa,
levadura en el mesón,
el pan sale más sabroso
con una pizca de amor.
Juan Carlos Carabajal

Primero
conviértete en fermento,
en levadura,
en volcán.
construye luego
con tu harina buena
una torre sobre la mesada.
Y horádate el centro.
Cávate.
Y vuelca en ese pozo
todos tus afanes.
Entonces
enciéndete y crece.
Crece.
duplícate
una y otra vez.
Cocínate.
Quémate.
Inmólate.
Y ofréndate
como una hostia.


María Teresa Andruetto (Arroyo Cabral, 1954), Palabras al rescoldo. Ediciones Argos. Córdoba. 1993.


Lucas Margarit, espero como si estuviera ausente en un día de fiesta



Lucas Margarit



Pájaros del otro lado


I


allí estarás comiendo los últimos cultivos

de albahaca y de la noche
si los pájaros callaran asegurarían
el paso del tiempo
y mi vejez prematura
se detendrá como una piedra

ahora, espero como si estuviera ausente

en un día de fiesta


II


si dios, algún dios, mirara de frente

dándose la vuelta hacia mi cuerpo
no podría ver la orilla de tu cuerpo

si un dios llegara con la muerte en sus manos

sabría que la noche tiene humo y agua

si un dios llegara cargando con tu cuerpo

me arrodillaría a pedir mi océano lejos
          de todo purgatorio

que me entreguen los dioses tu cuerpo

que han llevado puro hasta otra orilla
que me entregue tu dios tus signos
para que sean escritos en mi espalda.



Una creación de cuerpos


I


levántate lázaro

y como un suspiro
verás la muerte de los otros
de los que abren la puerta de un sepulcro
de los que hieren jabalíes en la montaña
de aquellos que juntan frutos de los olivos antes
          de la pascua
de los mercaderes echados de tu templo
de un cristo y de los leprosos que aquel cristo sanó
de las meretrices blancas y negras de una ciudad
           arrasada
aun de los pájaros que supieron atravesar el fuego
           santo de esa ciudad
quita las vendas de tu cuerpo
y verás morir a los gusanos que nacían de tu cuerpo

puedes extender con tus manos

los extremos de una cartografía
de tierra y arena
cuando el frío se apropie de otros contrastes

sentado 

como jerónimo
en un desierto poblado de bestias
bellas como la sal

y estarás lázaro

tentado de cubrir
la piedra
con pétalos y hojas secas
de un otoño corroído


II


Eneida


hago 

con mi sangre
blanca
el mandala de tu sangre

eneas recurre

a su espalda
para reconocer troya en calma
con las lanzas
y los hombres
ahorcados por segunda
vez
helena sin recursos
y dido abandonada

así estás huérfano de animales

y de humo
¿cómo recorrer un territorio devastado?
ser infiel a la muerte
y a la muerta que
sólo ahora es hueso en otro sepulcro

y olvidas




Lucas Margarit (Buenos Aires, 1966), el libro de los elementos. Tsé Tsé. Buenos Aires. 2007.


Diego Muzzio, tres poemas de Hieronymus Bosch





Malleus Maleficarum


Tampoco hay que encerrar demonios en un frasco
si se desea librarse del brazo secular.
Nicolau Eimeric
Manual de los Inquisidores


Cómo me gustaría mirar viejas películas para siempre,
los dos en la cama, bajo mantas amarillas, con grandes
tazas de café y el invierno tejiendo su escarcha entre
techos y torres como una inmensa araña blanca.
Pero la Fama, abandonando su palacio de bronce sonoro,
reclama mi presencia en los estrados de Rialto, o lejos
en Monte Spinato, o aún más lejos en Blakulla, y debo atender
a mis asuntos porque, amor: estamos perdiendo la perspectiva.
Estamos perdiendo la partida de ajedrez contra la sombra.
Cuando salgo a caminar y me demoro en algún bar y
oigo los postreros saxos del desmembramiento
o mientras espero al gondolieri que me lleve
a la otra orilla del Canale della Misericordia:
si tus ojos vieran lo que ven mis ojos, entonces, amor,
debería excomulgarte, colgarte de tu pelo rojo,
hundir tu pulmón de oro en el pájaro de sangre de la lluvia.
Ayer a la mañana: ¿no estábamos de buen humor?
¿No reíamos y retozábamos entre las reliquias,
no pesaba yo tus senos como dos cabezas
de gemelos que salieran de tu tórax, no buscaba,
tembloroso, orando por las dudas, el tercer pezón
que alimenta los rebaños de espíritus inmundos?
Pero hoy estás tan triste... El biper no deja de sonar,
mientras tus manos ordenan, amorosas, los instrumentos
en la maleta de terciopelo negro, regalo del Dux
en reconocimiento a la quema de brujas en Bolonia.
Tengo dos entradas para el cine. Esa es la sorpresa.
Y reservas para un largo viaje más allá de los canales,
más allá de San Michele y el regno della morte gente.
Amor: no te aflijas. Nuestras acciones suben sin cesar
en los cofres de la Jerusalén celeste. Somos inmortales.
Y estamos en el mejor momento de nuestras vidas.



Los iluminadores


Apenas unas monedas por su sexta crucifixión
pintada en el margen de una Biblia in octavo;
una semana sembrando sangre de su Salvador,
sentado sobre el sometido semen susurrante
y cuando el dueño del libro, un sastre holandés,
examinó el trabajo e inquirió por el sentido
del ciervo que huía en un bosque a la izquierda de la cruz,
él sólo se encogió de hombros, sin siquiera responder.
Aquel holandés pagó por el privilegio de una inmóvil
escena incrustada en la escritura, y yo pago
una entrada para el cine. En la oscuridad me guía
un hombre con linterna; el haz de luz cae sobre la butaca,
rayo de sol sobre un tronco calcinado, 
y me hundo en la húmeda pelambre de penumbra
como un joven animal perseguido y aterrado.
Hay precedentes, una tradición lícita, contar una cosa cuando
tu canción significa otra...; por mi parte, no puedo dar cuenta
de la larga manada de palabras que mana en la mañana,
pero puedo huir al abrigo de los árboles
masticar el hueso del agua de la duda,
puedo entrar a cualquier cine con el único propósito
de que alguien ilumine brevemente mi camino.
En la pantalla, Jesús recorre las habitaciones de un hotel:
se inclina ante cada orgía como a punto de beber
y las manos agujereadas juegan con oscuros genitales
mientras un enjambre de ángeles clavan su sexo en una tabla.
El pintor sale a la nieve. En el bosque brama un ciervo
y él, manoseando la bolsa de monedas,
se dirige a una taberna. Allí hay una mujer que,
por una mínima suma, se deja penetrar
sobre el heno del establo. Huele a humo, a sudor
pero ríe siempre y dice que sobre su cuerpo  
un hombre puede entrar montado al Paraíso.



Y el lugar está lleno de espíritus.
                                                                                      Ezra Pound

El valle de Josafat


Y todo aquel año deambulé por casas prestadas
arrastrando ropa sucia, libros, poemas sin concluir,
las manos hundidas en un iceberg, los ojos
fijos en el Valle, Gehenna, la múltiple Maremma,
así me dejé estar durante días en esos cuartos
desconocidos, los descosidos músculos
murmurando humo, humo..., nos hundimos
y el agua helada taladraba la estructura de la pesca,
y estoy completamente solo, mudo como un buzo
en traje de etiqueta, raquítico, inmóvil, soportando
la electrificada corona de espinas del insomnio.
Almas aullaban bajo sirenas de bombardeo, alarma
Deutsche Reichsbahn Deutsche Reichsbahn. SNCF.
Dos gigantescos vagones rusos con la hoz y el martillo
mal tachados. Deutsche Reichsbahn. Luego, Caballo,
8 hombres 40 Tara, Portata: un vagón italiano
avanzando sobre la nieve, cargando mis libros
huesos, zapatos, nueve ediciones de la Divina Comedia
mis medias, las noches que lloramos,
los trípticos de Hieronymus Bosch y, en un rincón,
altas y blancas y con empapados hábitos flotantes,
las cinco monjas ahogadas (7 de diciembre, 1875).
El semen que sembré sobre senos y gusanos,
una visión del mundo del medioevo o quizás
renacentista, lagunas, lenguas, y un obtuso
espíritu que especula aún con el ojo de Dios
sobre cada uno de mis actos, como un padre ausente,
aunque sin duda furioso. Salgo a caminar.
Es de noche. Estas calles son para mí desconocidas.
Pero detrás de las copas de los árboles, la triste
Jerusalén se precipita hacia la ruina. En todo caso
(¿y cómo debo llamarte: Señor, Adonais, Elohim,
Cristo, Eli, Jesús, mi dulce Jesús de la Cruz?):
la tierra que veo ya no se diferencia del infierno.


Diego Muzzio (Buenos Aires, 1969), Hieronymus Bosch. Ediciones Del Dock. Buenos Aires. 2004.

Raúl Gustavo Aguirre, De pronto somos dos...


Raúl Gustavo Aguirre, De pronto somos dos...



De pronto somos dos
para inventar un astro
como nunca fue un astro.

Yo, la que tiene manos
para tus manos, dedo
por dedo te acompaño

Yo no soy todos los caminos:
apenas un camino,
una manera de entender.

Amanezco a tu lado
para que ya no busques
aquello que no existe.

Oh, tócame, compréndeme,
existo, soy real,
apoya en mí tu boca:
calla, tiembla, descansa.


Raúl Gustavo Aguirre (Buenos Aires, 1927- 1983), Obra poética. Ediciones Del Dock. Buenos Aires. 2015.


Raúl O. Artola, El viejo escribe en su nikki...



Raúl O. Artola, El viejo escribe en su nikki...




El viejo escribe en su nikki las impresiones del día. Su amiga en Obaru se ha roto una pierna y el hijo la ayuda como puede.
El viejo quema unas hojas en el jardín agrega flores secas de cerezo y ruega para que su ofrenda llegue hasta Obaru. 
Las nubes parpadean cuando sube el humo perfumado.
El viejo entiende que su amiga ha recibido la intención.



Raúl O. Artola, Registros de hora prima. Ediciones La Carta de Oliver. Buenos Aires. 2014.

Flor Defelippe, Las chicas del Conurbano



Flor Defelippe, Las chicas del Conurbano



Las chicas del Conurbano

trabajan en bares
y muestran
sus pieles en verano
sin pudores sombríos
ni quejas imbéciles.
Las chicas del Conurbano
tienen la mirada dura:
pueden derribar
todos los adoquines del barrio
con esa mirada de muro
y su boca exquisita...
Se deshacen del pucho
como se deshacen de su último hombre,
se levantan el modal de las calzas
acariciándose las caderas,
y vuelven al yugo
donde todos las miran atónitos,
pero nadie se anima a hablarles...
Las chicas del Conurbano
no se andan con chiquitas,
y no dudan en ponerte entre la espada y la pared:
si sos cheto,
-o medio nabo
tenés todas las de perder.
Amo
y envidio un poco
a las chicas del Conurbano,
por su condición
emblemática, distante,
hermosas, inalcanzables, guerreras
chicas del Conurbano



Flor Defelippe (Buenos Aires, 1982), Las malas elecciones. Pánico el pánico. Buenos Aires. 2014.

Carlos Battilana, El dulce porvenir




Carlos Battilana, El dulce porvenir



cuando los mejores poetas de mi generación
curtidos por las drogas
la grasa y el vino excesivo
están haciendo pie
y pueden usar la palabra templanza
con toda propiedad

reunir poemas
evaluar con cierta distancia
sus tesoros
su cúmulo precioso

cuando cerca de los 50
la juventud
es una palabra
que ha sido usada
y se puede recordar
-sí, con alegría-
las viejas amistades
los duelos
los viajes pequeños

cuando
el poeta
de los grandes experimentos
pero de otros poemas
mejores aún
es una increíble
referencia
y ahora
puede
-finalmente-
distribuir
el aire
y la respiración
porque ha corrido tanto

yo aún
el poeta de la familia
el poeta que
literalmente
ha administrado la energía
el poeta del tenis
estoy cambiando a mi hijo
interminable
en el baño
posterior de la casa
y le digo
“te amo te amo”
y barro
bajo los signos y los hábitos
de antiguos mecanismos
la ropa la basura y me muevo
-ya ciego-
entre escombros de fuego
y no tengo, lo sé,
escapatoria
no puedo ni podré respirar

amo
con pobreza
como pude

pronuncio “te amo”
como una
invocación
como una oración religiosa
-polvo del camino-
la única propiedad
con base
en lo real


Carlos Battilana (Paso de los Libres, 1964), Un western del frío. Viajero insomne editora. Buenos Aires. 2014.