Adélia Prado, Canícula




Adélia Prado, Canícula


Al mediodía, desagua el amor,

los sueños más frescos e intrigantes;
estoy donde están los torrentes.
Alrededor de la casa grande hay un terreno sin cercos,
lleno de bananos, sólo de bananos,
altos como palmeras.
Llego y es la orilla del mar encrespado por corrientes,
remolinos azules.
Hay un peligro sobre la faja exigua
que es de arena y es blanca.
Quiero brazaletes
y la compañía del macho que elegí.


Canícula 
Ao meio-dia, deságua o amor,
os sonhos mais frescos e intrigantes;
estão onde estão as torrentes.
Ao redor da casa grande espaça um quintal sem cercas,
tomado de bananeiras, só bananeiras,
altas como coqueiros.
Chego e é na beira do mar encrespado de correntezas,
sorvedouros azuis.
Há um perigo sobre a faixa exígua
que é de areia e é branca.
Quero braceletes
e a companhia do macho que escolhi.  



Adélia Prado (Divinópolis, Brasil 1935). Sin datos de la traducción.

Javier Galarza, Lo atenuado



Javier Galarza, Lo atenuado


Odres


Algo falló a la salida de Cafarnáum.
Preguntaste si aún llevaba los dones conmigo.
"No lo sé. Tengo el barro, los odres y las tinajas".
Dijiste que sólo el vacío de los cuencos era real.
Me pediste un abrazo.
No porque todo se desmoronara.
Sino a pesar de eso. 



Efecto Pigmalión


Como el rey Pigmalión, que abjuró del mundo
y solo de lecho, se dedicó a esculpir en marfil
estatuas de mujeres a las que amar.
Como ese mismo rey, que un día logró la escultura
más hermosa que mortal alguno haya soñado.
Y se enamoró de su creación y durmió junto a ella
y vistió a la efigie y la adornó y la besó con pudor
y palpó las formas frías de su Galatea.
Y no siendo suficiente ese sueño, ese mismo sueño,
pidió a la diosa Venus que le diera vida
y Galatea cobró temperatura y humedad
y habló y dijo: estoy viva porque creíste en mí,
porque me amaste hasta darme realidad,
pero como los poemas, lo creado no nos pertenece,
y debo partir y hacer mi camino
y aprender a crear belleza por mí misma
y a ser un poco de este mundo que me espera.
Así como Pigmalión o los poemas,
lo solo y desprovisto
debe seguir probando formas,
posando las yemas de los dedos en la belleza,
para aprender a perderla.



Javier Galarza (Buenos Aires, 1968), Lo atenuado. Audisea. Buenos Aires. 2014.

Graciela Paz, Zambeze



Graciela Paz, Zambeze



8.

Palpando como ciega
encuentro evidencia
esterilla de caña
sobre miel de sésamo
El aire verde
no es aire de verdor, sino apariencia
eso decía mi abuelo:
la risa que se ríe
es cólera guardada,
solo el baile exorciza
Así decía


14.

Un día la grulla no volvió
ella, dijo mi abuelo,
está siendo bañada
por las aguas primarias del Tananká
Lo fijo hacia lo errante
el austero equilibrio de una sombra
obligada a soñar
Ver excesos
y el estado sin nombre de las cosas
perdiendo gravedad
Así es la muerte, dijo
casi lo mismo que volar


1.

Sólo en estación seca
crece el Kad
un árbol de ciclos invertidos
sobre los pastos altos del Senegal
si llueve
sus hojas se marchitan
y en plena sequía vuelve a brotar
fuerte y tibia
la gran acacia une
el misterio de las aguas
a los tatuajes de la fecundidad
Según el mito
el reinado del árbol fue un reino de mujeres
sin lenguaje
y sin ropa
venidas de la tierra
en alianza secreta con las flores del Kad
Según la religión Bambara
frotar el puño contra su corteza
invierte el ciclo de los tiempos
y confiere inmortalidad



Graciela Paz (Mercedes, Buenos Aires), Zambeze. Hilos editora. Buenos Aires. 2015.

Sergio Rigazio, The Buick Project y otras canciones de viaje

F


Sergio Rigazio, Jidduano´s Weather Report



para Raymond


hemos quebrado las leyes de los reportes meteorológicos
amigo

hemos abusado de las bondades inesperadas
de la protección de la estampita de San Neal

decías que adonde vamos siempre llevue
cosa que
a priori
parece cierta

pero hemos escuchado las mismas canciones
una y otra vez
y vuelta a empezar

si no eran canciones eran mantras
mantras de toda clase:
tristones como los de Jim Morrison
o ridículos como los que cantamos cuando subimos
al Uritorco

pero eran mantras
¿o acaso no viste cómo se deshilachaban
las corrientes eléctricas?

¿no descubriste los filamentos la seda
de nuestras miserias atmosféricas?

¿no dormías tranquilo
en el asiento trasero del Buick
ganándole a las nubes mal presagiadas?

mantén el rumbo de la risa, Timonel
aún en el mar de las debilidades

gatos negros
camiones sigilosos
conspiraciones
todo pasará
bajo la luna y las autopistas
en un patio de Rosario
en un patio de La Boca
o la ruta 188

le ganaremos a las tormentas
una vez más
y nos veremos como Rimbaud
cuando éramos como Rimbaud
bajo el cielo de la ruta 188
que era inmenso y nos pertenecía



Poetas expuestos valientemente a los mosquitos


hay que tener mucho coraje
para ponerle el pecho al sol y los insectos
al lado de un zanjón que
en el mejor de los casos
es un canal de aguas
ora pantanosas
ora cristalinas
pasando entre los campos
sin pena ni gloria

fumar y comentar
diferentes maneras de morir
con o sin ganas
de algunos escritores

arrojar el anzuelo
una y otra vez

los peces se ríen de nosotros

a los dos minutos
Griselda pesca un bagre
diminuto
inútil para todo servicio

Raymond la tranquiliza

y yo miro mis dedos con sangre
y pienso
oh no, otra reencarnación



Sergio Rigazio (Buenos Aires, 1957), The Buick Project y otras canciones de viaje. Llantodemudo. Córdoba. 2015.

Cecilia Romero Messein, Monasterio roto



Cecilia Romero Messein, Monasterio roto


He olvidado la repetición

es verdad
            he errado
            he pecado
he chupado este insulto hasta el cansancio
pero soy poeta y no puedo conciliar
me habita también el desconcierto de Darío
su angustia

es verdad
            no tengo hijos
            no tengo título
alquilo una casa vieja
y doy asilo a un animal que maúlla en el patio oscuro

incliné mi alma hacia vos, señor
pero vi que la tierra es más pesada y ensucia mejor mis manos
sé que mis abuelos querrían que rece por el mundo
pero he olvidado la repetición
el mareo rítmico
la estructura mágica
mi desasosiego
soy poeta y no puedo conciliar



el gusto de mi época


a mis contemporáneos

escribo un verso corto para darme el gusto
el gusto de mi época
resuelvo eso que sé
en todas las fiestas he gastado mis papeles
es un género
un desliz
un compromiso conmigo misma
estoy con mi abuelo sentada en el umbral
él es viejo y yo no existo
como un libro mojado
estropeé mi contenido
traicioné a un animal
que es peor que traicionar a un hombre
y rechacé las ofertas invitadas
comulgo con un dios ausente
que sólo sabe del lenguaje
castiga a los adjetivos con un látigo de sobra
me precipita al grito
y digo
que me doy el gusto de mi época
que me está permitido
desabrocho este sobre oscuro
hay adentro una metáfora
la fórmula sagrada que condice
y después de unos pasos sola en la habitación
acierto en que mi pensamiento es un conjuro
mi época también acierta
pero no acertamos juntas
ella está de nuevo a la vanguardia



Cecilia Romero Messein (Buenos Aires, 1984), Monasterio roto. Llantodemudo. Córdoba. 2014.

Cecilia Romana, Poemas concretos



Crenovich
a Del Prete
(Línea 57)

Al contrario de lo que quiere la gente,
yo ruego que el colectivo 
venga lleno cada vez que viajamos juntos.

Nosotros no tenemos nada en común.
Jamás nos hubiésemos conocido viajando. 
Él vive hacia el norte; yo más al centro.
Ni siquiera nos coinciden los horarios. Damos
dos pasos atrás. Se agarra del pasamano. Yo
me agarro de él -no puedo hacer más: con suerte
le llego al pecho-. Nos presionan de todos lados:
entregar un libro en dos días; sus clases
de los viernes, y veinte albañiles que intentan
llegar temprano a casa. ¡Un pasito más!, grita el chofer.
Lo miran con mala cara, en cambio, su cara 
es inconfundible: no está enojado, no está triste.
Quiere pedirme lo que no podría darle. Vení, 
me dice con esa voz grave que usa a veces, y yo
me interno como una adolescente en el hueco
que hay entre su abrigo y la camisa verde musgo.
Lo abrazo. Él y yo no tenemos nada en común,
pero su corazón está en la punta de mi boca -lo
siento latir-, el colectivo va lleno, un bebé
llora adelante y nos quedan quince minutos
de algo demasiado parecido al amor.



Museo de Arte Moderno


Llueve, la vereda está resbalosa, pero si hay que sacar entrada,
mejor irse al Macba o tomar café en Caracol, antes de que enciendan
el horno y la cuadra se llene de olor a gas y pizza. Mañana
será otro día. Hoy me acuerdo de cuando estudiaba en el edificio
de Bolívar: íbamos con Lorena, Margó y Gabriel a comprar
cerveza para no entrar a la clase de Rubin. Diez años después,
en Carlos Calvo esquina Perú, leí esos poemas tristes
sobre Chile que hicieron llorar a todos, pero la verdad es que habíamos
tomado un vino muy oscuro. Mañana será otro día:
me dolerá la cabeza por el whisky, la espalda por las horas
que paso frente al monitor, los dedos por comérmelos
y el ego porque no va a escribir, no va a llamar, no le va a importar
en absoluto lo que sentí cada noche que hojeé a Rosa o Carretero
para olvidarme, lo que caminé buscando un Kálnay, un Gestarelli,
el Williams de Parera. Pero hoy Prati está en el subsuelo,
llueve, la vereda se mojó, el edificio del Museo
fue una tabacalera y yo la estudiante de pelo largo cuyo novio,
alto y rubio, era campeón mundial de taekwondo, no una, sino dos veces.




Cecilia Romana (Buenos Aires, 1975), Poemas concretos. Cabiria. Buenos Aires. 2015.

Marina Serrano, Segunda fundación




Marina Serrano, Segunda fundación


VI


Si llueve, y ella dijo que sucede a menudo
en Bulgaria,
llueven flores amarillas,
no mentiría acerca de algo tan importante:
la espora de mi primordio
fue una flor
que llovió en Bulgaria.

Las otras lluvias
de los otros mundos
parecen envidiar:
recostadas, alcantarillas mediocres y caminos,
suben por los techos para florecer, con su raíz
de piel.

Hay tormenta, el día es casi una tarde, y salgo a la calle:
llueve un mar de flores amarillas.



XXXIII


Si tuviera unas zapatillas rosas,
si el dinero fuera mío,
                            en el Mikonos celeste
de la gente gay y el pescado fresco
compraría una gargantilla
            con piedra gay celeste fresca y oro,
            de esas que, abierta, como el tiempo
            no se une
            se superpone
o un anillo blanco y lúcido,

y si fuera un hombre
daría la compra con tal ceremonia
que mi vida entera podría girar en torno
a ese simple acto
de tomar, circundar
con una sombra delgada.



Marina Serrano (Quequén, Buenos Aires, 1973), Segunda fundación. Cabiria. Buenos Aires. 2015.

Fernando Toledo, Mortal en la noche

F: Camila Toledo



Fernando Toledo, Mortal en la noche


Olympus SP-800UZ


Ella toma su cámara de fotos
y se lanza a retratar el planeta.
Sigue vivo en su mirada el asombro
de toparse con la luz en la esquina,
aunque pocos vean que allí descansa, 
o de robarle a los rostros indómitos
un gesto que tal vez lo diga todo.
Cuando posa, además, es un relámpago
intenso junto a los objetos muertos,
un velo en sí misma de la vejez
que acecha detrás de cada instantánea,
regalo de piedad involuntaria
que simula, con su fe en la belleza,
un mundo que aún puede ser mirado.

Para Camila



Café y Manzanas 3

Giannuzzi y Saer escribieron
Casi al unísono y, supongo, sin conocer
La coincidencia sendos poemas
Que comparten el mismo nombre:
CAFÉ y MANZANAS.

Los tengo ante mis ojos y comparo
La potencia cínica y tristona de Joaquín
Con el ritmo quebrado y fulgurante de JJ
En un alto de mis propios balbuceos.

Me sorprendo ante la duda
Que el sospechoso desorden del mundo
(«Saber quién es quién», dice Giannuzzi;
«En equilibrio sobre lo negro», insiste Saer)
Abre como un pérfido secreto
Al oído de ambos poetas. Yo sólo
Tengo una cesta de manzanas frente a mí
Y el café sin preparar se seca
En su bolsa mal cerrada. Estoy
Parado sobre el mismo filo, pero ya
Oscuro y lleno de gusanos,

Sin nada por morder o por tragar.


Fernando Toledo (San Martín, Mendoza, 1974), Mortal en la noche. Alción editora. Córdoba. 2013.


Laura García Del Castaño, En Hungría





Laura García Del Castaño, En Hungría


En una tarde borrosa
una final de fútbol
dos hombres se han sentado en un bar
reparten la bebida,
negocian su nuevo campeón
Al fondo el mozo limpia una copa
frota hasta lograr el brillo
de lo que no se ha usado
Contra una pared estamos nosotros
la mesa es para cuatro pero así hemos querido nuestro juego
un territorio neutro
lejos del cuadrado
esperanzado y estrecho
En el momento del gol
uno de los dos intenta el acierto:
una palabra que nos borre cual marca en una copa
una palabra que nos deje limpios
casi sin usar
a la espera de un vino finalmente dulce.


Laura García Del Castaño (Córdoba, 1979), El sueño de Sara Singer. Llantodemudo. Córdoba. 2014.

Pablo Gabo Moreno, Colorblind



Pablo Gabo Moreno, Colorblind



Cáncer (del griego karkinos que significa cangrejo)

Madre nicho 205
justo abajo de Clide Hermann
"sus hijos y esposa lo recuerdan afectivamente"
pasando por
4 inundaciones
9 intendentes
de 49.000 habitantes a 66.540

Padre nicho 902
decir 21 años me da una tranquilidad sospechosa
decir 7665 días (exactos) no.
Crisantemo
o Chrysanthemun
nos conocemos desde hace rato
por decantación terminaste siendo mi preferido
y aunque tu aroma me da miedo todavía
vine a poner el pecho a esta casa circunspecta



9

no te animás a decirlo
porque te atormentás de nada
y te avergüenza 
cuando no deberías
porque no está tan mal
ser pasivo e impávido
de los transeúntes 
que no aman como vos
ni tampoco tienen libros de Onetti
guardados con una rosa marchita
en la página 3 escrita
"fumá poco, cuidate
te ama tu mamá"
y aunque ese libro no te pertenecía
lo hiciste tuyo por necesidad
esa misma que nadie entendió


Pablo Gabo Moreno (Caleta Olivia, Santa Cruz, 1974), Colorblind. Ediciones Vox. Bahía Blanca. 2015.

Juana Bignozzi, vuelvo a pintar las flores de mi juventud...




vuelvo a pintar las flores de mi juventud
vuelvo a ver el amanecer
sin temor
ya nunca nadie podrá decirme éstas no son horas
veo amanecer como una mujer no como una joven temerosa
de la ley tu ley
el acero de esta luz para una mujer sola
que no debe temer sino decidir


Juana Bignozzi (Buenos Aires, 1937). 

Anne Sexton, La balada de la masturbadora solitaria




Anne Sexton, La balada de la masturbadora solitaria
[traducción: Griselda García]


El final del asunto siempre es la muerte.
Ella es mi taller. Ojo resbaloso,
fuera de mi tribu mi aliento
ve que no estás. Espanto
a los que esperan. Estoy saciada.
De noche, sola, me caso con la cama.

Dedo a dedo, ahora es mía.
No está tan lejos. Es mi encuentro.
La toco como a una campana. Me reclino
en el tocador donde solías montarla.
Me usaste sobre la manta floreada.
De noche, sola, me caso con la cama.

Tomá esta noche, por ejemplo, mi amor,
en la que cada una de las parejas se une
en un revolcón abajo, arriba,
el par abundante en espuma y pluma,
arrodillándose y empujando, cabeza a cabeza.
De noche, sola, me caso con la cama.

Me alejo de mi cuerpo, de esta forma,
un milagro irritante. ¿Podría
exhibir el mercado de los sueños?
Estoy extendida. Crucifico.
Mi pequeña ciruela, le decías.
De noche, sola, me caso con la cama.

Entonces llegó mi rival de ojos oscuros.
La dama de agua, levantándose en la playa,
un piano en la yema de los dedos, vergüenza
en los labios y voz de flauta.
En cambio yo fui la escoba chueca.
De noche, sola, me caso con la cama.

Ella te agarró como una mujer agarra
un vestido de liquidación de un estante
y yo me rompí como se rompe una piedra.
Te devuelvo tus libros y tu equipo de pesca.
El diario de hoy dice que se casaron.
De noche, sola, me caso con la cama.

Los chicos y chicas son uno esta noche.
Desabotonan blusas. Bajan cierres.
Sacan zapatos. Apagan la luz.
Las brillantes criaturas están llenas de mentiras.
Se están comiendo mutuamente. Están saciados.

De noche, sola, me caso con la cama.


The Ballad of the Lonely Masturbator

The end of the affair is always death.
She's my workshop. Slippery eye,
out of the tribe of myself my breath
finds you gone. I horrify
those who stand by. I am fed.
At night, alone, I marry the bed.

Finger to finger, now she's mine.
She's not too far. She's my encounter.
I beat her like a bell. I recline
in the bower where you used to mount her.
You borrowed me on the flowered spread.
At night, alone, I marry the bed.

Take for instance this night, my love,
that every single couple puts together
with a joint overturning, beneath, above,
the abundant two on sponge and feather,
kneeling and pushing, head to head.
At night, alone, I marry the bed.

I break out of my body this way,
an annoying miracle. Could I
put the dream market on display?
I am spread out. I crucify.
My little plum is what you said.
At night, alone, I marry the bed.

Then my black-eyed rival came.
The lady of water, rising on the beach,
a piano at her fingertips, shame
on her lips and a flute's speech.
And I was the knock-kneed broom instead.
At night, alone, I marry the bed.

She took you the way a women takes
a bargain dress off the rack
and I broke the way a stone breaks.
I give back your books and fishing tack.
Today's paper says that you are wed.
At night, alone, I marry the bed.

The boys and girls are one tonight.
They unbutton blouses. They unzip flies.
They take off shoes. They turn off the light.
The glimmering creatures are full of lies.
They are eating each other. They are overfed.
At night, alone, I marry the bed.    


Anne Sexton (1928-1974), The Love Poems. 1969.
Traducción de Griselda García.


N.B.: Esta traducción está en constante revisión.                          

Marina Serrano, Cena



Marina Serrano, Cena



En el interior blando
ella amolda la lengua
y su tanteo protector se propaga
hacia mis dedos en pinza
hacia lo más medial y caudal del hipogastrio,
al moverla hacia atrás
sus labios se adhieren
limpian el metal.

La de tibias largas amplía la oscuridad
mientras sus dedos, arriados en silencio
exageran mi curvatura lumbar y disparan
la mano aprehensiva.

Tras la espalda el goce no se vislumbra
entonces, puedo demorarlo.


Marina Serrano (Quequén, Buenos Aires, 1973), La diástasis de las tibias largas. Sigamos Enamoradas. Buenos Aires. 2008.

Entrevista GG por Marcelo Dughetti


En “Me contó el viejo Antonio”, periódico mensual editado por la Biblioteca Popular y Espacio Cultural “Somos Viento” de San Francisco, Córdoba, Argentina. Número 21, julio 2015.

Joseph Brodsky, Canción de cuna




Joseph Brodsky, Canción de amor


Si te estuvieras ahogando, yo acudiría al rescate,
te envolvería en mi manta y te daría un té caliente.
Si fuera comisario, te detendría
y te metería en una celda con llave y candado.

Si fueras pájaro, grabaría tu trino más alto
para escucharlo toda la noche.
Si fuera sargento, serías mi recluta, y te aseguro
que no podrías resistirte a mi entrenamiento.

Si fueras de la China, aprendería tu idioma,
encendería mil inciensos, vestiría exóticos trajes.
Si fueras espejo, irrumpiría en el baño de damas
para ofrecerte mi labial rojo y maquillarte la nariz.

Si amaras los volcanes, yo sería lava
surgiendo implacable de mi fuente oculta.
Y si fueras mi mujer, yo sería tu amante,
porque la Iglesia se opone firmemente al divorcio.



Joseph Brodsky (San Petersburgo, 1940- Nueva York 1996), Canción de cuna y otros poemas. Traducción: Daniela Camozzi y Walter Cassara. Huesos de Jibia. Buenos Aires. 2012.

Elizabeth Bishop: Un arte



Elizabeth Bishop: Un arte


El arte de perder no es difícil de lograr;
tantas cosas parecen llenas del intento
de ser perdidas, que su pérdida no es un desastre.

Perdé algo cada día. Aceptá la confusión
de llaves perdidas, la hora malgastada.
El arte de perder no es difícil de lograr.

Después practicá perder más lejos, perder más rápido:
nombres y lugares y dónde ibas 
viajar. Nada de esto traerá desastre. 

Perdí el reloj de mi madre, ¡y mirá! la última o
penúltima de mis tres casas amadas se fueron.
El arte de perder no es difícil de lograr.

Perdí dos bonitas ciudades. Y, más vastos,
algunos reinos que tuve, dos ríos, un continente.
Los extraño, pero no fue un desastre.

—Incluso al perderte a vos (la voz bromista, ese gesto
que amo) no habré mentido. Es evidente
que el arte de perder no es muy difícil de lograr
aunque parezca (¡escribilo!) un desastre.



One Art
BY ELIZABETH BISHOP

The art of losing isn’t hard to master;
so many things seem filled with the intent
to be lost that their loss is no disaster.

Lose something every day. Accept the fluster
of lost door keys, the hour badly spent.
The art of losing isn’t hard to master.

Then practice losing farther, losing faster:
places, and names, and where it was you meant
to travel. None of these will bring disaster.

I lost my mother’s watch. And look! my last, or
next-to-last, of three loved houses went.
The art of losing isn’t hard to master.

I lost two cities, lovely ones. And, vaster,
some realms I owned, two rivers, a continent.
I miss them, but it wasn’t a disaster.

—Even losing you (the joking voice, a gesture
I love) I shan’t have lied. It’s evident
the art of losing’s not too hard to master
though it may look like (Write it!) like disaster.




Elizabeth Bishop (Worcester, Massachusetts, 1911- Boston, 1979). The Complete Poems 1926-1979. Farrar, Straus & Giroux, 1983. © 1979, 1983 by Alice Helen Methfessel.


Traducción: Griselda García



N.B.: Esta traducción puede cambiar de un momento a otro. Visite este sitio a menudo y compruebe sus avances o retrocesos. 

Mario Trejo. El combate verbal. UNA FÁBULA



Mario Trejo

El combate verbal

UNA FÁBULA

La poesía corre siempre el riesgo de cometer incesto con la magia y la religión. Cuando la transgresión se consuma, se convierte entonces en una poesía esotérica, un rito de iniciación en el cual las palabras son a la vez velo y vestíbulo de una verdad que está más allá, en otra parte que no conocen las palabras. El acto de crear, el momento mismo de la creación es, en estos casos, la experiencia más cercana a la mística, que es, por definición, no verbal.

Puede argumentarse que una poesía que solicita el conocimiento de claves ocultas o de guiños culturales es hermética. Para que la ostra vuelva a abrirse y permita la esperanza de una perla es necesario, entonces, creer. Creer en la experiencia literaria. ¿Qué quiere decir, en este caso, creer? Sospecho, con temor y duda, que cuando las palabras no nos remiten a un código familiar y domesticado debemos leer en ellas los nombres de un planeta desconocido, nombres para llamar a seres animales y vegetales surgidos tal vez del silicio y no del carbono, piedras desmesuradamente pequeñas para imaginar su peso atroz, rocas ásperas a la vista y dulcemente verdes al tacto, colores que el arco iris olvidó.

Hay un modo único, engendrador, de experimentar toda poesía, gota que oigo caer, veo caer, digo caer. Se trata de luchar duramente con su lenguaje. Si al cabo del combate uno no puede narrarlo con otras palabras y otros gestos, si sentimos que ya no somos el mismo de antes, que algo ha cambiado en nosotros (no importa si creencias, sentimientos o actitudes), entonces quiere decir que la poesía ha tenido lugar, que ocupa ya su lugar dentro de nuestra mente y de nuestro cuerpo.

La ostra se ha abierto. Dentro de nosotros brilla una perla.