Alicia Genovese, En la laguna de Walden...


Alicia Genovese


En la laguna de Walden,
sin conocer a Thoreau, nadé
entre el verde transparente
de sus aguas,
y en invierno con el aliento
contenido recorrí
la superficie helada,
de orilla a orilla.
Debajo del hielo los peces
lentos se movían,
pero yo entonces saltaba
continentes.
Leyendo a Thoreau, después,
volvió la laguna,
que había dejado atrás;
los guijarros de su bosque
iluminados por la Osa Mayor
y el murmullo de aquellos
hondos nadadores.
¿Saltarán aún, en primavera
Sr. Thoreau, los peces helados?
aquí emergen en la noche del Delta 
atraídos por los vértices
de la Cruz del Sur.
La misma Vía Láctea
sostiene las constelaciones antípodas
y estas cabañas vivientes,
familiares para usted, Sr. Thoreau,
donde los árboles golpean
con sus rama el techo
y el fuego desde la salamandra
suelta 
su savia olorosa. 
La misma ruda intemperie 
de las estrellas abiertas,
donde el calor
de unas palabras escritas
atraviesan lo oscuro,
y salta ese pez sin anzuelo
como en la desnudez del agua.


*-*

Me embarco hacia las islas
y con un cuchillo trazo un círculo
que me llena de privaciones;
el cuchillo es una metáfora
demasiado fuerte,
debí decir mi propio desierto
de silencio y ayuno.
Pero empiezan a escucharse
los sonidos más tenues:
soplidos entre las cañas,
dos gotas de lluvia
que justifican en mi oído
la necesidad de lejanía.

Un zahorí a tientas
percibe el agua
muy abajo,
entre el pedregullo
y las arenas subterráneas.
Su vara rabdomante
podría reconocer a muchos metros
la corriente sepultada.

Despertar a veces en las islas
con el convencimiento en la espalda
de la marea nocturna,
como si la columna vertebral
se transformara en vara de zahorí
cuando el agua ablanda
los sostenes de la casa.
Su presencia debajo, a pocos metros,
atraviesa el sueño,
hasta que amanece
y antes de que, en la ventana,
lo compruebes
se graba, en el cuerpo, la certeza.

Los sentidos crecen
en lo que calla
y el avance de la marea puede,
por una noche,
convertirte en rabdomante,
así, a ciegas, en el silencio robado,
como cuando se percibe
el agua del otro.



Alicia Genovese (Lomas de Zamora, 1953), Aguas. Ediciones Del Dock. Buenos Aires. 2013.

Lucas Oliveira, Pura sangre busca establo




Lucas Oliveira


autorretrato en blanco y negro


paseo locales 2 x 1
busco tu regalo
no estás más yo sigo
pienso si te gustará

razones por sí
brilla
es de felpa
mucho turquesa

razones por no
es carísimo
ya tenés
tu ex te daba esos

ahora ya no estás
y me aburro con el porno rumano
veo silueta sudorosa
ya vas a volver
piso el cordón de la vereda
me mando o no me mando
tu facebook lleno de recuerdos
amigos en común
traidores que merecen la sierra
eléctrica
mis nudillos gastados de pelear
negros lampiños

ya vas a volver

entonces me lavo me guardo
la arena de nuestros recuerdos
quiero decirte cosas lindas
decirte
soy adicto a la adrenalina
cosa linda cosa hermosa

pero te odio porque viste mis rincones
oscuros

las muecas de diablo
querías entrar en mí
te dejé
me dejaste
ahora paseo locales 2 x 1
pido consejos
con mal aliento




la huella


porque te saluda saco mano
te creés julio gran dona
pluma de mediocridad
ladrón de frases cortas
porque creías que así se notaba menos

dejá de depilarte la ceja, sugerí
dulcemente
vos callaste
vos bebiste
vos pagaste
y te fuiste

hoy me llega mail
sms
te profesionalizaste
la foto la hizo tu amiga
que no podés nombrar
tenés contrato para ruborizarte
en público
decís
empecé de abajo
y nadie te cree
pero yo sí
porque empezaste de abajo
pero la bestia pop quiere pruebas
no saben leer tus ojos de fuego
tus vísceras forradas en lava
yo te creo, me dijiste borracho
borracho, me dijiste
borracho, yo te creo

la mano me diste
apretaste
soltaste

ahora corregís tu obra mayor
y vas a ganar todas
las carreras de embolsados
no vas a disfrutar
tus ojos de fuego
tus vísceras forradas en lava

un día van a llevarte a la Feria
imprimir la foto
pagar el cheque

¿y adónde vas a ir?
¿sapito en el Rosedal?

te sacaste la gorra para las fotos
y acá se te extraña
vemos en la parada del 96
no te reconoce ni tu papá
cada tanto dice
yo le creo
nosotros callamos o pedimos
a tu mamá
otra ronda de fideos

ahora aguantás la parada
entre estatuilla y estatuilla
guardás ese billete con el teléfono
de tu mujer
a mano veloz el cinco ilegible
y en la oscuridad de los días
lo tocás olés apoyás con cariño

lo único que te queda
real


Lucas Oliveira (Buenos Aires, 1978). Pura sangre busca establo. Funesiana. 2012.

Griselda García, "Blanco"



Blanco (click en el título para ver el corto)


Me muevo en la cama. La habitación está en penumbras. El ventilador agita el aire. Las moscas golpean contra el mosquitero. A través de un postigo, un rayo de sol juega en las paredes a la cal. Es temprano todavía, pero se respira calor.
Mi pelo se engancha en la cortina de maderitas. Eso era lo que sentía: aroma a uvas. Mi hermano las funde con azúcar en una cacerola. Le doy un abrazo y me sirve un té. De chicos prometimos que íbamos a abrazarnos todos los días.
—Estoy haciendo dulce. Ayer Doña Marta me regaló como siete kilos. Las trajo de la quinta.
El viento mueve las hojas. Una de las últimas plantas que compró Javier acaba de florecer. La Santa Rita necesita agua.
—Algo te da y algo te quita —digo en voz alta.
—¿Eh?
—La Santa Rita. Lo decía mamá.
La idea de un día entero por delante resulta demoledora. Habría que sacar los yuyos, remover la tierra de los canteros, poner a secar las semillas de los zapallos y fumigar los jazmines.
—Ya sé, estás pensando en todo lo que hay que hacer —dice mi hermano.
Sirve más té, se suena los huesos del cuello y se mira las manos. Veo el cansancio en su mirada.
—Javi, ¿vas a ir a comprar turba?
—Primero quiero remover bien la tierra, así después ya vengo y la cambiamos por la nueva.
—Mirá que va a cerrar el vivero.
Deja su tejido sobre la mesa y la pequeña aguja de crochet resbala y cae bajo la mesada. Está tejiendo un bolsito de hilo turquesa para mí.
Un pájaro chilla entre el follaje de las acacias negras y le siguen gritos de otras aves. El sonido rompe el aire cargado de sol y levanta vuelo una bandada, aleteando con fuerza.
—Tranquila, hay tiempo.
Es cierto. En estos días tenemos luz hasta las ocho, nueve. Me pongo a lavar los platos que quedaron de anoche. No puedo recordar qué comimos.
—¿Querés algo del centro? —pregunta. Se puso el sombrero blanco, le da un aspecto exótico.
—Traete unas naranjas, así preparo jugo para la tarde.
Dejo los platos escurriéndose al lado de la pileta. Al rato lo veo aparecer por la ventana.
—Fijate que no se me queme el dulce. En cuanto haga el primer hervor, me apagás el fuego.

En el patio los yuyos crecen por todos lados. La última lluvia los hizo multiplicarse en variedad. Quizá sean semillas de algún árbol. Javier quiere construir una pérgola, así que seguro traeremos un gajo de la parra del fondo para acá, hay que averiguar cómo prende una parra… las hojas van a detener un poco a las semillas voladoras. Abro la canilla y desenrollo la manguera. Al principio, el agua sale hirviendo. Los varios metros de goma verde y blanca transmiten el calor del sol, que comienza a quemarme la espalda.
Las baldosas mojadas: el eterno verano de la niñez. El viento en el monte, con sonidos que cambian a cada hora. A la mañana explota burbujeante con las actividades de sus moradores: crujidos, raspajes, serruchos, golpes, roces, martilleos, silbidos, aleteos. Hacia la tarde el trajín de las hormigas merma, la labor sigue en las colmenas, el gorgoteo de los pájaros en las charcas, la confección del nido del bichofeo, el restregar de las alas de la cigarra, los perros que rascan la tierra y se echan a la sombra. Por la noche el monte bulle con la actividad de los nocturnos que casi no producen sonido.
El agua forma pequeñas lagunas en las depresiones de las baldosas. Bebo un poco y aprovecho a lavarme. Me enjabono los pies y los brazos. Lavo la ropa que llevo puesta y la tiendo al sol. Entro desnuda. El mosquitero se cierra con un estruendo. Cuando escucho el motor de la camioneta, voy hacia la habitación y me pongo un vestido viejo. Entra Javier con una canasta que le pesa.
—¿Qué tenés ahí?
Él sonríe y me muestra las naranjas, pero en la otra mano sostiene un paquete.
—¿Y eso? ¿Qué es?
—Qué curiosa que sos. De chiquita eras igual.
—Dale, ¿qué es?
—Tomá, tomá. Es un regalo.
Rasgo el papel. En un primer momento parece una remera, pero después quito el envoltorio de nylon y veo un par de alpargatas. Los regalos me ponen contenta. Javi se agacha junto a mis pies y me las prueba. Noto su aliento cálido, sus manos fuertes y ásperas.
—Me quedan justas, no me aprietan ni nada.
—Ya lo sabía, ne-ni-ta.
Me pongo de pie y hago tres pasos de baile. Empiezo a cantar:
Una viborita, larga y finita, se pasea en mi balcón…
—Uy, me había olvidado de esa canción. Seguí.
Emocionado por el recuerdo, por sus ojos pasan chispas.
…todas las mañanas, fresca y temprana, se pasea en mi balcón…
Me paro en puntas de pie, levanto los brazos e inclino la cabeza como esas muñecas de las cajitas de música. Al rato me canso y él empieza: “Si yo digo blanco, ustedes dicen…”. Y yo: “¡Negro!”.
Él, a propósito, lo hace cada vez más difícil y se burla cuando tardo en responder.
—Así no vale.
—Es que sos medio tolola.
—¡Tolola! ¡No inventes palabras! —grito, y nos ponemos a luchar. Al rato logro zafarme y nos quedamos acostados contra el frío de los mosaicos. Quietos, mudos, es como si el tiempo no pasara.
—Estoy cansada.
—Yo también. Hoy vamos a tener que dormir siesta.
—¡El dulce!
—Ahh, se te vio la bombacha, nenita —dice, riéndose como un tonto.
Se queda acostado abriendo y cerrando las piernas. Parece un ángel diabólico. Apago el fuego. El dulce está muy espeso, tengo que hacer fuerza para despegar la cuchara del fondo. Él me ve y viene a chupar las salpicaduras. Envasamos el dulce en frascos vacíos de mayonesa y café. Después de limpiar las hornallas, me pongo a exprimir las naranjas.
—¿En dónde dejamos la pala y el pico? —pregunta.
—En el lavadero.
Cuando sale, el mosquitero se cierra de golpe. Me quedo con la fruta detenida sobre el exprimidor. Se oyen los ruidos habituales que hace Javier cuando busca cosas. Luego, silencio. Mientras él avanza hacia el fondo de la casa, los perros empiezan a ladrar enloquecidos.




Griselda García, en La madre del universo (2012).

Blanco (Orizzonti, Festival Internacional de Cine de Venecia 2013)


Blanco
Dirección: Nacho Gatica
basado en un cuento de Griselda García
Actores: Celina Carbajal - Nicolás Bellati
Grabación de sonido: Julián Sarracino - Kida Kawer
Diseño de sonido: Martín Rocha


Franco Rivero, preparo la cena




Franco Rivero, preparo la cena


riña doméstica si las hay
la de escucharte
hablarme fuerte
mientras cocino
sin romper los platos
ni tirar nada
picar las respuestas
con la cebolla
el morrón
el ajo
la verdad que no hacía falta
trozar así ese pollo


más tarde
dormiremos juntos
me vas a abrazar
voy a abrazarte
haremos
más que eso
mentiremos
que hacerlo
con esa energía
significa
mucho



objetivos


cambiar la cara de 
adiós
ir por un vino

no esquivar espejos
no comer parado
en la cocina

sostener 
una despedida
su ficha
exacta
su filo
noche
tras noche
cuando adiós
se hace con carne
y hueso


pensar 
al amor lo hicimos
sólo para la foto
aunque hoy
lloremos
como quienes
se querían



Franco Rivero (Corrientes, 1981), Vos ahora voz. Editorial deacá. Buenos Aires. 2014.

Iván Wielikosielek, Tres días me llevó recorrer esta ciudad sin Dios




Iván Wielikosielek, Tres días me llevó recorrer esta ciudad sin Dios...


Tres días me llevó recorrer esta ciudad sin Dios
Tres días cruzar de Villa María a Villa Nueva
como quien cruza de la pampa gringa a la pampa india
Tres días sin ver otra cosa que fariseos de la soja
o mendigos del César pidiendo limosna política
Y todos iban con sus trajes brillantes como sus pecados bajo el sol
Tres días me llevó andar por iglesias convertidas en mercados
y mercados convertidos en iglesias
Y todos compraban y vendían como único hacer humano
Y todos miraban vidrieras como único no-hacer urbano
Tres días me llevó recorrer esta ciudad sin Dios
Hasta que cansado de tanta ostentación y obsecuencia quise morir
Pero al final encontré un refugio bajo un árbol de moras en el cementerio
una mujer llamada Fabiana y un perrito al que bauticé Jonás
Y fue en honor a esa mujer y a ese perrito y a ese árbol
que pedí por la preservación de esta Nínive del Ctalamochita
de esta ciudad con ciento veinte mil almas que no distinguen
su mano derecha de su mano izquierda
pero que igual andan de saco 
por temor a la ira del cielo.


/


Mi padre me lava las manos en una palangana de invierno
Yo tengo ocho años y mi piel sangra como si lavaran peces muertos
Mi padre me lava las manos como si limpiara mi nombre
Yo estoy por repetir tercer grado y hace mil años que no le digo papá
Mi padre me lava las manos y me las restituye como en un milagro
Yo estoy por tomar la comunión y voy a leer los evangelios cada día
Mi padre me lava las manos como si se las lavara a Pilatos
para que en sus sueños no quede sangre inocente por redimir
para que entre sus dedos el pan se multiplique como caricias
para que en sus palmas no quede otra cachetada que contra sí
Mi padre me lava las manos en una palangana de invierno
antes de irse del pueblo para siempre
antes que mi espíritu salga a ensuciarse
con el polvo de este mundo.



Iván Wielikosielek (Ballesteros, Córdoba, 1971), Gatos de Nínive. Llantodemudo poesía. Córdoba. 2014.

Edgardo Pígoli, Como un hombre que dispone de tiempo



Edgardo Pígoli /serie/


como el mar.
despacio. como un hombre
que dispone de tiempo. voy puliendo.
paso la mano por esa superficie
lisa. brillante.
ya lo escribieron todo. llegué tarde.
en esfuerzo. ahora abandono.
como el mar. voy puliendo.
haciendo la piedra pequeña.
una mirada. casi un ojo infinito
que espera. no entiende.
lleno de preguntas. tenue.
va y viene. puliendo.
como el mar. sin querer.
solo. enorme en el pequeño trabajo
escaso. húmedo. pulo.
sin saber. recuperar la playa.
perderla. otra vez. cálida.
fría. puliendo. el trabajo de todos.
secreto. silencioso.
como el mar. con el sol en su lomo.


Edgardo Pígoli (Buenos Aires, 1966), De la precariedad. Airediseño ediciones. Buenos Aires. 2014.

Gustavo Gottfried, La austeridad es la divisa de mi familia...



Gustavo Gottfried, La austeridad es la divisa de mi familia...


la austeridad es la divisa de mi familia

así que mi tía Paula fue la primera
en comprarme un cucurucho
aunque mis padres siempre la criticaban
por su deficiente administración del dinero
igual la habían nombrado mi madrina
y ella había asumido esa función
con gran responsabilidad
me compraba juguetes
me llevaba al cine
me incluía en todos los planes
y esa tarde
cuando entramos en la heladería
pidió sin preguntar
el helado más grande
que yo había visto
y no sólo eso
cuando aquella delicia
terminó de cobrar forma
la hizo bañar
en chocolate




Mi tío Roberto
para Verónica Pérez Arango

dicen que una vez en una plaza
bajo el cuidado de sus hermanas
tuvo un accidente en un tobogán
y se dio un golpe en la cabeza


dicen que por eso
estaba un poco loco
pero fue el primero en la familia
que compró un disco de los Beatles


a ese disco lo tengo yo ahora
de un lado está Eleonor Rigby
del otro el submarino amarillo


dicen que empezó a frecuentar
a unos barbudos
que los veía cada vez más


que iban a empujarlo
a hacer cosas que
no podía comprender
cosas peligrosas


y por eso mis tías
se lo llevaron a Israel


dicen que allá
recibió tratamiento

que formó una hermosa familia

que sus hijos son personas de bien
y guardan un hermoso recuerdo
de su padre



eso es lo que dicen
a mí
me enseñó a andar en bicicleta




Gustavo Gottfried (Buenos Aires, 1969). Poemas inéditos, cortesía de su autor.

Rumi, Deseo


Rumi, Deseo


Un Amante conoce sólo la humildad,
no tiene elección.
Merodea por tu callejón a la noche,
no tiene elección.
Ansía besar cada mecha de tu cabello,
no te preocupes,
no tiene elección.
En su frenético Amor por ti 
ansía romper las cadenas de su prisión,
no tiene elección.

El amante preguntó a su Amado:
"¿Te Amas a ti más que a mí?"
El Amado respondió:
"He muerto para mí mismo y vivo para ti,
He desaparecido de mí mismo y mis atributos,
Estoy presente solo para ti.
He olvidado todos mis conocimientos,
pero conociéndote, me volví un sabio.
He perdido toda mi fuerza,
pero con tu poder, soy capaz. 
Me Amo a mí mismo.
Te Amo a Ti.
Te Amo a Ti.
Me Amo a Mí Mismo."

Soy tu Amante,
Ven a mi lado,
abriré la puerta a tu Amor.
Ven a quedarte conmigo,
seamos vecinos de las Estrellas.
Has estado escondido tanto tiempo,
a la deriva infinita en el Océano de mi Amor.
Aún así, siempre has estado conectado conmigo.
Oculto, revelado, en lo normal, en lo no manifiesto.
Soy la Vida misma.
Has sido prisionero en un pequeño estanque,
yo soy el Océano y su turbulenta inundación.
Ven a fundirte conmigo.
Deja este mundo de ignorancia
Sé conmigo,
abriré la puerta a tu Amor.

Te Deseo más que a la comida o a la bebida.
Mi cuerpo, mis sentidos, mi Mente,
anhelan tu sabor.
Puedo sentir tu presencia en mi Corazón.
Aunque pertenezcas a todo el mundo,
yo espero en Silenciosa Pasión,
por un gesto, una mirada Tuya. 


[traducido del inglés por GG] 


Se lo puede escuchar bastante bien recitado acá.


Rumi, poeta místico musulmán persa y erudito religioso. Nació en 1207 en Balj, actual Afganistán, y murió en 1273. Su poesía, como la de otros escritores sufíes, está enfocada en el concepto de tawheed (unidad) y la unión con el Amado (la fuente principal) de donde hemos sido arrrancados, y del constante lamento por esta separación y su deseo de volver a la unión. 


Rumi, Desire

A Lover knows only humility,
He has no choice.
He steals into your alley at night,
He has no choice.
He longs to kiss every lock of your hair,
Don’t fret,
He has no choice.
In his frenzied Love for you,
He longs to break the chains of his imprisonment,
He has no choice.

A Lover asked his Beloved,
“Do you Love yourself more than you Love me?”
Beloved replied:
“I have died to myself and I live for you,
I’ve disappeared from myself and my attributes,
I am present only for you.
I’ve  forgotten all my learnings,
But from knowing you I have become a scholar.
I have lost all my strength,
But from your power I am able.
I Love Myself,
I Love You.
I Love You,
I Love Myself.”

I am your Lover,
Come to my side,
I will open the gate to your Love.
Come settle with me,
Let us be neighbors in the Stars.
You have been hiding so long,
Endlessly drifting in the Sea of my Love.
Even so, you have always been connected to me.
Concealed, revealed, in the norm, in the un-manifest.
I am Life itself.
You have been a prisoner of a little pond,
I am the Ocean and it’s turbulent flood.
Come merge with me.
Leave this world of ignorance
Be with me,
I will open the gate to your Love.

I Desire you more than food or drink.
My body, my senses, my Mind,
Hunger for your taste.
I can sense your presence in my Heart.
Although you belong to all the world,
I wait in Silent Passion,
For one gesture, one glance from You.

Enrique Solinas, Río de la memoria



Enrique Solinas, Río de la memoria


Con el padre íbamos a pescar al río,
eran tiempos lejanos y violentos,
como ya sabrás.
Los peces desaparecían y nadie
era capaz de preguntar por ellos.
Yo prefería bañarme en el río,
que el río me abrace, me atraviese,
entrar en su cuerpo, con la certeza 
de que nadie se baña dos veces
en las mismas aguas.
El padre pescaba y luego,
devolvía al río sus peces.
“Cada cosa en su lugar”, 
decía el padre,
“lo que viene del agua,
al agua debe ir”.

Con el padre íbamos a pescar al río,
había peces de colores diversos,
como ya sabrás.
Yo tenía siete años y me creía pez,
compartía con ellos 
un ritual incomprensible.
Había uno que siempre aparecía
y tenía el color de la esperanza.
Había uno que siempre se mostraba
y de repente desapareció.

Lo buscamos por toda la eternidad,
lo buscamos, lo buscamos 
a lo largo y a lo ancho del río. 
Nadie quiso decir en dónde estaba.
Nadie pudo explicar 
adónde van 
los peces cuando mueren.

Y todavía hoy, 
que ha pasado el tiempo,
cierro los ojos y recuerdo,
y me sumerjo en las aguas, 
otra vez.

Viene hacia mí de nuevo
el pez de la esperanza.

Voy de nuevo hacia él,
como la única verdad posible.



Enrique Solinas (Buenos Aires, 1969). Poema inédito.

Mario Trejo, Gatsby blues



Mario Trejo, Gatsby blues


Tengo amor y lo doy
Alguien me extraña
Otros me necesitan
Tengo recuerdos inmortales
Y olvidos de ruedas que giran al revés

Pienso toda razón
Y siento como un místico
Mi Yo hizo las paces con el Otro

Sólo me faltan 900.000 dólares para ser feliz.


Mario Trejo (Argentina, 1926 - 2012), El uso de la palabra. Ediciones Colihue.

Soledad Castresana, Selección natural



Soledad Castresana, Selección natural


La supervivencia del más leve

Dejo esta piel sobre la tierra
como una sombra abierta.

Ahora soy liviana y hermosa
y no voy a renunciar al veneno.


Tiburón

Solo lo que se mueve y sangre
es digno
de alimentar a un dios.


Madre e hija

Esperamos 
que vuelva el hombre
con las manos vacías
y se entregue
como alimento.


Liebre

Una estrella 
me imanta los ojos.

Se escucha un estruendo.
Espero en la luz.



Soledad Castresana (Intendente Alvear, La Pampa, 1979), Selección natural. Fondo editorial pampeano. Santa Rosa. 2011.

Osvaldo Bossi, Negra es mi noche, porque no te tengo



Osvaldo Bossi, Negra es mi noche, porque no te tengo


XI Fortinbrás

Estás con otro, lo sabe todo mi cuerpo;
me revuelvo sobre la cama como un animal
herido, que no encuentra paz. Pero
si el que me ama sos vos ¿por qué la sola idea
de verte en otros brazos me quita la razón 
y se lleva mi calma? Lo imagino liviano
y pesado a la vez; el sexo que se levanta o duerme,
acorde con tus insistencias, el hilo de saliva
que de tu boca cuelga y ata esa estructura 
rígida, y el corolario de un olor masculino, mezclado
con el de otro -un niño o una niña- y que recibís
extasiado. ¿Puede ese cuerpo hacerte olvidar
el sólido cuerpo de Fortinbrás, la violencia 
con que cada tantas noches trato de hacerte mío?
Porque sos vos el que me amás, sos vos
el que se lleva mi cuerpo...


XXX Fortinbrás


Negra es mi noche, porque no te tengo.
¿Cómo pude cruzar esos muros de acero 
y no ver lo que había del otro lado, 
no este cuerpo que ya no alcanza
sino mi amor crecido en la soledad?
Pero soy de vos como no lo soy
de mí mismo, y algo me falta. Ese que ahora
te limpia con sus labios y tiernamente
te vivifica ¿es mejor que yo? ¿puede darte
otras cosas? Y para llegar hasta vos
¿es necesario que piense primero en él,
la tortura de quien te posee, como si fuera
él mi obstáculo y no vos? Los cuerpos
no son cosas; deberías escuchar mi dolor.



Osvaldo Bossi (Buenos Aires, 1963). Fiel una sombra. Viajero insomne. Buenos Aires. 2014.