José Ioskyn | Acerca de un imperio


Foto: Gabi Salomone


José Ioskyn | Acerca de un imperio


La nodriza



Entrego su cuerpo
a médicos y sacerdotes
ellos lo cubrirán con aceites y vendas
lo secarán por siempre.
Un joven sorberá sus sesos
con una caña por su nariz.
Les doy sus juguetes
de piedra y papiro
para cuando despierte
junto a su madre Isis.

No está muerto
está por nacer.
Dentro de cinco mil años
volverá a beber mi leche de nodriza
en el campo negro de la noche.



El proveedor


Mi trabajo es difícil
y al mismo tiempo
no lo es.
Uso mis dedos
mis ojos
mi mente.
Siento a la muchacha
en mis rodillas
palpo su himen
(debe estar entero)
y la llevo ante el César.

Si es de su gusto
ella será la favorita.
A los meses
la dará a un oficial
como esposa
con renta vitalicia.


Con los mancebos
el procedimiento
es más agradable.
El César los prefiere
aunque no se sabe
qué hace con ellos
cuando ya
no los necesita.



Lectura de poesía


Nuestro amigo Rufus
lo ha pasado mal
en la lectura de poesía.
Es sabido que a ese ámbito
no se llevan joyas.
La gente va a pasar el rato
no escuchan ni permanecen
mucho tiempo.
Pero nuestro amigo concurrió
con su Juvencio
su joya adorada
y un viejo se lo arrebató
a cambio de unos cuantos sestercios.
Que no se queje Rufus:
a su Juvencio le gustan tanto
las mujeres como el dinero.
Por eso lo buscó con desesperación
en la calle, entre viejos lascivos
y prostitutas
una de ellas le dijo
“Acá está tu Juvencio”
y abriéndose de piernas
le mostró su tomate partido.




José Ioskyn (La Plata), Acerca de un imperio. Ediciones Del Dock. Colección La verdad se mueve. Buenos Aires. 2016.

Maricel Santin | Historia clínica


Foto: Gabi Salomone



Maricel Santin | Historia clínica



Cincuentonas toman mate
desarmadas de la risa.
Si no fuera lo que es este lugar, yo creería
que venden tuppers o se juntan
a criticar a los maridos y salir de la rutina.
Igual también la tarde
se aprovecha para eso.

Quiero saber
qué es
lo que tanto las divierte.
Me acerco en actitud
de maestra de primaria
que pregunta sin hablar
¿por acá qué anda pasando?
Con los ojos chispeantes y un suspiro
que sostiene la siguiente carcajada
una de ellas me responde: ¿vos sabés
cómo quiso matarse
esta hija de puta?




/


Ella se quiebra
ante un modo cariñoso
mío de llamarla
acortando su nombre como si así también
redujera la distancia entre nosotras.
Es automático, termino de decir
y empieza a temblar
su pera, veo
el principio del derrumbe.
Un edificio a punto de perder
parte del techo, un balcón, la columna
vertebral, no importa
lo estructural acá,
cualquier pieza que se pierde
nos deja rotos.

Entre escombros asoma un hilo
de voz pidiendo auxilio

Por favor, no me digas
Mari
que me falta la mitad
del nombre.



Maricel Santin (Lanús, 1978), Historia clínica. Ediciones Del Dock. Colección La verdad se mueve. Buenos Aires. 2016.

Federico Espinosa | Intemperie




Federico Espinosa | Intemperie



Religión


Creíste en el hombre
que ayer te prometió
esa religión mentirosa
del beso por la mañana.

Guardaste las fechas exactas
donde nació la traición
tu alma era un estanque
de agua herida.

Hilaste en la rueca del destino
las hebras sin color del pasado
creíste en esa religión.

Hoy postrada en la cama
comenzás a entender:
el amor es apenas
un gesto antes de la muerte.



La Marcia


Tiene los dedos congelados
y la voz escarchada
de tanto ¡diario! ¡diario!
viste de amarillo
igual que el semáforo
en su espalda Río Negro
en su pecho La Mañana de Neuquén
interminable como el brazo
de un dios está la ruta grabada
en los ojos de Marcia
que sólo espera el rojo
para mostrar la última noticia.


Marcia tiene frío
y tan gastados los años
que ya no quiere continuar
quedó boca arriba
con los ojos mirando el cielo
a su esperanza la traía un caracol.


Su muerte no fue noticia

sino una hoja en blanco.


Federico Espinosa (Neuquén, 1987), Intemperie. Ediciones Del Dock. Colección La verdad se mueve. Buenos Aires. 2016.

Rafael Felipe Oteriño | Robinson


Foto: Camila Toledo



Rafael Felipe Oteriño | Robinson


Me apena verte, Robinson,
me apena ver tu silla de entretejido cordel,
la templanza de oír correr las horas y no sentir desvelo
por los que están del otro lado del mar;
tampoco urgencia en volver.

Me apena verte ordenar la ración del día:
el grano justo, la incisión justa
en la rama del árbol,
la obediencia de Viernes.

Me apena tu sombrilla,
tu casco de piel cruda, tu bota salvaje,
porque fueron hechos para eternizarte aquí,
donde eres rey solo en reino solo,

donde dices la ley y la haces cumplir,
y hasta el pico del loro repite tu nombre como una coronación.

Me apena tu entereza para durar:
más que fuerza es obstinación,
más que fatalidad, soberbia.

La mañana es bella, es cierto,
las hojas son anchas
como para albergar el recuerdo
y no dejarlo ir;
el mar es transparente, es igual al olvido.

Pero no estás bajo esos árboles ni bajo este cielo
sólo por su color,
ni caminas toda la extensión de la playa
por la sola amistad con las olas.

Cada día no es nuevo para ti, confiésalo.
Porque no es ésta tu prisión: tu prisión eres tú mismo,
tu imposibilidad de partir el pan con otro,
de dar gracias a otro señor.

Me apena ver tu desvelo detrás de una tabla
rescatada del mar, de un espejo partido,
de la ceniza de un cabo de vela.
Porque son señales de un mundo que se deshace,
y eso no es cierto: las manos construirán otro y otro,
con fuerza irresistible y la misma unción.

Me apena tu voluntad: es demasiado ciega
para estar de regreso en una calle de Londres,
oyendo el repiquetear de yunques ajenos
o la caída de la tarde en un reloj
que no sea el tuyo.

Me apena verte en la isla desierta,
porque es tan extraña y sola como extraño y solo
es el mundo entero para ti,
y eso no tiene remedio
en ninguna comarca de la tierra.




Rafael Felipe Oteriño (La Plata, 1945), En la mesa desnuda. Poemas escogidos 1966-2008. Ediciones al Margen. La Plata. 2008.

Maricel Santin | Historia clínica

Foto: Gabi Salomone




Maricel Santin | Historia clínica



Cincuentonas toman mate
desarmadas de la risa.
Si no fuera lo que es este lugar, yo creería
que venden tuppers o se juntan
a criticar a los maridos y salir de la rutina.
Igual también la tarde
se aprovecha para eso.

Quiero saber
qué es
lo que tanto las divierte.
Me acerco en actitud
de maestra de primaria
que pregunta sin hablar
¿por acá qué anda pasando?
Con los ojos chispeantes y un suspiro
que sostiene la siguiente carcajada
una de ellas me responde: ¿vos sabés
cómo quiso matarse
esta hija de puta?




/


Ella se quiebra
ante un modo cariñoso
mío de llamarla
acortando su nombre como si así también
redujera la distancia entre nosotras.
Es automático, termino de decir
y empieza a temblar
su pera, veo
el principio del derrumbe.
Un edificio a punto de perder
parte del techo, un balcón, la columna
vertebral, no importa
lo estructural acá,
cualquier pieza que se pierde
nos deja rotos.

Entre escombros asoma un hilo
de voz pidiendo auxilio

Por favor, no me digas
Mari
que me falta la mitad
del nombre.



Maricel Santin (Lanús, 1978), Historia clínica. Ediciones Del Dock. Colección La verdad se mueve. Buenos Aires. 2016.

Consuelo Fraga | Cuaderno rojo

Foto: Gabi Salomone



Consuelo Fraga | Cuaderno rojo


A la Corporación
Is there anybody out there?
Pink Floyd

Despreocúpense, yo
no vine acá buscando información.
Es cierto que tampoco fue casual
el sentarme a esta mesa,
que estuviera leyendo en aquel banco
o esperara ese taxi allá en la esquina.
Fue mi necesidad de comprobar
si les pica la piel
cuando el mosquito, el ácaro o el piojo
posan su amenazante cuerpo encima
de vuestra humanidad. Era mi duda.
“No puedo concebir la indiferencia.”
–diría si me fuera ajeno el paño
y no es el caso, tengo
años de permanencia en la familia.
Es ingenuo, por eso, fantasear
con la voz moderada y comprensiva,
sincera, no ofensiva
que avanzará hacia vuestras excelencias
haciéndoles llegar una denuncia:
pasa esto y aquello allá tan lejos
donde mandan a encierro a las personas
con orgullo, tres firmas y ocho sellos.




Estaciones intermedias


Cuando se me acercaron
desde otra moto y vi esa mano
queriendo girar la llave
en el tambor de la NX400
aceleré y pensé: “Me voy,
yo de ésta me voy.”
Y no fue así
sino que di unos trompos en el piso,
no se hizo presente el consejo
que mandaba soltar
cuando las papas queman.
En su lugar se apersonó
la quebradura:
una clavícula partida en dos
sus puntas desafiándose
como enemigos blandiendo facas.
Soldó con el tiempo el hueso
aunque quedó deformado
el que fuera ayer
esbelto como un escarbadientes
liviano, gracioso y funcional.



Bienvenida Casandra


Si pregunta, le diría
hay cosas que todos necesitamos
y para algunos es un lío buscarlas
sin alejarse de su familia.

Cierta gente nunca te va a dejar
vivir en paz, igual
no te preocupes mi amor
nadie espera que imites a tu padre.

Con las nenas se les escapa
un poco la tortuga.
Van cabeza a cabeza.
Están cursando la primaria.

No hablar, no mirar, no contar
porque es así como te dice Bart
si algo puede llegar a usarse
en contra tuyo, va a pasar.

Pero mis hijas serán inteligentes
a la manera tonta de la poesía:
“Ma, ¿no parecen todos primos?
Mami, ¿por qué en el penal
casi no hay rubios de ojos celestes?”


Consuelo Fraga (Buenos Aires, 1969). Cuaderno rojo. Ediciones Del Dock. Colección La verdad se mueve. Buenos Aires. 2016.

Mariana Suozzo | Cuando la forma del día desvanece



Mariana Suozzo | Cuando la forma del día desvanece


El sol acaricia el patio
más tarde se volverá violento
en la mesita de madera
los cactus parecen grises
a lo largo del día sufrirán
una pequeña mutación cotidiana
dejarán de lado aquel matiz opaco
para adoptar uno mucho más brillante
mientras guardo las cosas en el bolso
no dejo de pensar en rayos de sol
desintegrándose sobre el asfalto.
El manojo de llaves continúa sobre el mueble
antes de salir lo tomo entre las manos
y recuerdo que amo de las llaves
lo que abren
lo que guardan 
lo que nombran.



Mariana Suozzo (San Justo, 1982), Cuando la forma del día desvanece. Ediciones Caleta Olivia. Buenos Aires. 2016.

Juan Carlos Moisés | Una carta de amor




Juan Carlos Moisés | Una carta de amor



Un corte de energía nos ha dejado mudos 
para el mundo desde la mañana,
y las pocas cuadras que nos separan
nos han incomunicado como si estuviéramos
a cien o mil kilómetros de distancia.
Si me viera en la necesidad de hacerte llegar
un mensaje breve o quisiera tener el gusto
sólo de escribirte no podría ni sabría hacerlo
del modo instantáneo en que lo permiten
las maravillas tecnológicas que ya son
inseparables de la intimidad de nuestras vidas.

Debería provocar el momento ahora que todo
se ha detenido y se puede sentir lo que bombea
y fluye por el pulso, algo que en otro tiempo
no era la excepción sino la regla de los días.

Lo haría solo para repetir lo que una vez
fue desafiar a las leyes del sentido común.
Una mañana te escribí una carta con
mi letra, que reconocerías al verla. 
La escribí en el sobre. Quiero decir que
escribí la carta directamente en el sobre,
hasta cubrirlo de ambos lados y de cabo
a rabo con palabras que eran para vos.
En un papelito escribí tu nombre y nuestra
dirección, y lo puse dentro del sobre.
Le pasé la lengua y lo pegué, lo mismo 
hice con la estampilla antes de zambullir
la carta en el buzón siguiendo el rito perdido.
Me pareció un acto de justicia poética
que los otros, los empleados del correo,
el cartero y todos los vecinos del pueblo
que fueran consultados para poder llevar
la carta a destino, leyeran mis palabras
para vos, supieran de qué estaba hecho
nuestro amor, pero no les fuera posible
conocer al remitente ni la destinataria.



Juan Carlos Moisés (Sarmiento, Chubut, 1954), El jugador de fútbol. La Carta de Oliver. Buenos Aires. 2015.

Luciana Reif | La zafra




Luciana Reif | La zafra


La vida durante la zafra
es una dulce y triste refracción del mundo.
Todo comienza en los cañaverales
donde hombres de lugares lejanos
desnudan el campo en un lento y precioso juguetear
con sus dedos, adultos y ásperos por el paso del tiempo
saben más que nadie cómo tratar a la caña,
hábiles para sacarle todos sus secretos, quedan
exhaustos después de cosecharla; el calor tucumano
se entrevera en forma de gotas que brotan de las manos
ajadas y dolidas de un peón que no ignora que ese fruto vital
concebido con sus fuerzas, será después de todo
azúcar que se derretirá en otra boca.
Peón golondrina conoce mas que cualquiera el sabor
agridulce de la tierra, después de despojarla 
-terminada la zafra- partirá a otros suelos 
a cosechar amargos sabores.
¿Acaso no es ésta la verdadera tristeza,
la de un hombre que llega a abrazar la dulzura toda
y se desprende de ella sin apenas saborearla?



Luciana Reif (Lanús, 1990), Entrada en calor. El ojo del mármol. Buenos Aires. 2016.

Mao Tse-Tung | Respuesta a Liu Ya-Tzu




Mao Tse-Tung | Respuesta a Liu Ya-Tzu

29 de abril de 1949


Aún recuerdo que tomamos té en Guangzhou
y que me pediste versos en Chungching, cuando amarilleaban las hojas.
De vuelta en la vieja capital después de treinta y un años,
en la estación en que caen las flores, leo tus delicados versos.

Cuidá que el excesivo descontento no te destroce el corazón,
que tu ojo alcance una visión más amplia.

No digas que el agua del lago Kunming es poco profunda:
para contemplar los peces es mejor que el río Fuchun.



REPLY TO MR. LIU YA-TZU

April 29, 1949


I still remember our drinking tea in Kwangchow
And your asking for verses in Chungking as the leaves yellowed.
Back in the old capital after thirty-one years,
At the season of falling flowers I read your polished lines. 


Beware of heartbreak with grievance overfull,
Range far your eye over long vistas. 

Do not say the waters of Kunming Lake are too shallow,
For watching fish they are better than Fuchun River.


Mao Tse-Tung (Shaoshan, Hunan, 1893 – Pekín, 1976). Traducción GG de una versión en inglés encontrada en internet.

Santiago Sylvester | El punto más lejano



Santiago Sylvester | El punto más lejano


XXIII

Tarjeta postal escrita en 1974:

Tiene razón Chagall:
los violinistas vuelan por encima de las cúpulas
y tocan las campanas de Moscú.

¿Qué hacer a esta hora? Se acabó el cognac
y está todo cerrado. 
Las palomas emigraron de la Plaza Roja,
y ahí están las cúpulas al fondo,
oscuras y algo fuera de cuadro
pero dando la razón a Chagall.

María, Miguel, los mexicanos:
todos discutimos a gritos
pero el problema siempre es otro
aunque ya nadie sabe cuál.

(¿Qué hacemos a esta hora,
sin cognac y saludando violinistas?)

Que es como espiarse a sí mismo por el ojo de la cerradura: no
para sacar conclusiones (quedamos
en que las conclusiones
son maneras de inducir conducta) sino para atar los nudos, juntar
cada tanto los hilos de modo que podamos vernos desde afuera: cuidar
la sintaxis.

¿Qué era yo
en el mercado de Humahuaca (peligro
o versión renovada del hombre de la bolsa)
cuando una colla le dijo a su hija de cuatro años
si te portas mal te robarán los turistas?

¿Qué,
cuando la Anunciación de Fra Angélico
me dio con su milagro en plena cara: milagro
de Fra Angélico
por el que estoy dispuesto a creer en todos los milagros;
que es como decir: si hay
un milagro (y
al parecer no hay otro),
ése es la fe? 
¿Qué hacía yo
subiendo a ese tren con la muchacha ciega; hacia dónde iba cuando,
promesa intensamente erótica, sin
poder saber a dónde, pero yendo,
iba con ella de la mano?
¿Qué queda de mí
cuando una mirada de odio me vuela la cabeza? ¿Quién
habla por mi boca cuando no soy yo quien habla,
tapado el pómulo por la crispación?

No hay una única respuesta, a menos
que sea cada cosa
más su ocultación
y corresponda revisarlo todo, o decir lo ya dicho: que el problema
de siempre es entender, no a uno, sino a dos. 
Asunto
para otro diálogo, cuando yo no esté:
no sea que, errando nuevamente el tiro, me dé por disentir.




Santiago Sylvester (Salta, 1942), El punto más lejano. Ruinas Circulares. Buenos Aires. 2011.

Joni Mitchell | Coyote


Joni Mitchell | Coyote
[Traducción: Griselda García]

sin arrepentimientos, Coyote
venimos de circunstancias tan distintas
yo estoy despierta toda la noche en el estudio
y vos te levantás temprano en tu rancho
vas a estar cepillando la cola de una cría de yegua
mientras el sol asciende
y yo estaré llegando a casa con mi grabador
no hay comprensión
solo lo cerca del hueso y la piel y los ojos
y los labios que se pueda llegar
y aun sentirte tan solo
y aun sentirte conectado
como las postas de un relevo
no sos un conductor fugitivo, no, no
escapándote
sólo levantaste a alguien que hacía dedo
una prisionera de las líneas blancas de la autopista

vimos una granja incendiándose
en el medio de la nada
en el medio de la noche
y pasamos de largo esa tragedia
hasta que paramos ante las luces de una posada
donde estaba tocando una banda del lugar
los lugareños zapateaban y se sacudían sobre el piso
y lo siguiente que recuerdo
es que Coyote está en mi puerta
me clava en un rincón y no va a aceptar un no
me arrastra afuera, hacia la pista de baile
y bailamos cerca y lento
ahora: él tiene una mujer en casa
tiene otra mujer en el pasillo 
parece desearme de todas formas
¿por qué tuviste que emborracharte tanto
y llevarme por ese camino?
sólo levantaste a alguien que hacía dedo
una prisionera de las líneas blancas de la autopista

miré a Coyote directamente a la cara
en la ruta hacia Baljennie, cerca de mi viejo pueblo
corría a través de las espigas de trigo
persiguiendo alguna presa
y un halcón jugaba con él
Coyote estaba saltando y tirándose lances
tenía esos mismos ojos, como los tuyos
bajo los lentes oscuros
investigando en privado lugares públicos
y espiando por cerraduras de puertas numeradas
donde los jugadores lamen sus heridas
y llevan a sus amantes temporarias
y sus píldoras y polvos para meterlas en este juego de pasión

sin arrepentimientos, Coyote
yo simplemente lograré escapar
sólo levantaste a alguien que hacía dedo
una prisionera de las líneas blancas de la autopista

Coyote está en el café
mira un agujero en sus huevos revueltos
huele mi aroma en sus dedos
mientras mira las piernas de las camareras
está muy lejos de la Bahía de Fundy
de las apalusas y las águilas y las mareas
y los cubículos con aire acondicionado
y las vueltas de las cintas carbónicas
lo deletrean muy claramente
va a tener que levantarse y pelear
o irse de acá
yo misma traté de escapar
de escapar y luchar con mi ego
y con esta llama
que pusiste acá, en esta esquimal
en esta que hace dedo
en esta prisionera
de las finas líneas blancas
de las líneas blancas de la autopista libre, libre



Coyote
by Joni Mitchell


No regrets Coyote
We just come from such different sets of circumstance
I'm up all night in the studios
And you're up early on your ranch
You'll be brushing out a brood mare's tail
While the sun is ascending
And I'll just be getting home with my reel to reel
There's no comprehending
Just how close to the bone and the skin and the eyes
And the lips you can get
And still feel so alone
And still feel related
Like stations in some relay
You're not a hit and run driver no no
Racing away
You just picked up a hitcher
A prisoner of the white lines on the freeway
We saw a farmhouse burning down
In the middle of nowhere
In the middle of the night
And we rolled right past that tragedy
Till we turned into some road house lights
Where a local band was playing
Locals were up kicking and shaking on the floor
And the next thing I know
That coyote's at my door
He pins me in a corner and he won't take no
He drags me out on the dance floor
And we're dancing close and slow
Now he's got a woman at home
He's got another woman down the hall
He seems to want me anyway
Why'd you have to get so drunk
And lead me on that way
You just picked up a hitcher
A prisoner of the white lines on the freeway

I looked a coyote right in the face
On the road to Baljennie near my old home town
He went running thru the whisker wheat
Chasing some prize down
And a hawk was playing with him
Coyote was jumping straight up and making passes
He had those same eyes just like yours
Under your dark glasses
Privately probing the public rooms
And peeking thru keyholes in numbered doors
Where the players lick their wounds
And take their temporary lovers
And their pills and powders to get them thru this passion play
No regrets Coyote
I'll just get off up aways
You just picked up a hitcher
A prisoner of the white lines on the freeway
Coyote's in the coffee shop
He's staring a hole in his scrambled eggs
He picks up my scent on his fingers
While he's watching the waitresses' legs
He's too far from the Bay of Fundy
From appaloosas and eagles and tides
And the air conditioned cubicles
And the carbon ribbon rides
Are spelling it out so clear
Either he's going to have to stand and fight
Or take off out of here
I tried to run away myself
To run away and wrestle with my ego
And with this flame
You put here in this Eskimo
In this hitcher
In this prisoner
Of the fine white lines
Of the white lines on the free free way


© 1976. Crazy Crow Music



Joni Mitchell (Canadá, 1943), del extraordinario disco Hejira, 1976. Traducción: Griselda García 



N.B.: Esta traducción se revisa con periodicidad. Si copia y pega en su sitio, vuelva a menudo a ver cómo avanza (o retrocede).

Alejandro Schmidt | el inesperado corazón de Inés Manzano

Foto: La voz del interior


Alejandro Schmidt | el inesperado corazón de Inés Manzano


hace días murió
se dice
me entero ahora mismo
Inés Manzano

sí yo también fui invitado a Interiores
alguna vez otra

recorro  homenajes en la red

el homenaje es la poesía
servir

en cierta ocasión me invitó a leer 
en un centro cultural o algo así 
enfrente de un barcito histórico de Buenos Aires

nos juntamos algunos amigos

(Susana Villalba se enojó porque 
no recordaba su nombre, cara ni nada parecido
Susana Villaba se retiró
parece
porque no se le ocurre
servir)
en fin... que pasó el tiempo y el local o centro cultural o lo que sea
no abría
Inés salió a la calle y al ratito regresó
bien contenta
había descubierto el patio de un club donde
supo
podía leer
había diez,quince personas
en total
y hacia allí...
era un patio como de luz pero más grande
(se oían exhalaciones, inspiraciones de algunos muchachos practicando karate
muy cerca
en otro salón)

la lectura duró dos horas
bajo la noche
se podía fumar,se podía tomar vino,
se pudo...
fue la lectura más larga que hiciera alguna vez
para los oyentes
acaso fue más larga...

hace un mes compartimos un rato en el festival internacional de poesía de córdoba
Inés iba con Celia Fontán
viajaba al ir
de la poesía

charlamos
poco

después la vi por 27 de abril con Celia
(seguramente hacia la Biblioteca Córdoba)

estaba sentado en El Ruedo
(un bar detrás de la catedral)
después
me parece
 no la vi más

(qué ocurre en los ruedos
y qué en la catedral)

lo que pueda decirse de aquellos
poquísimos
poquísimos
que sirvieron a la poesía
es medio... ¿no?

siempre íntima de lo distante
siempre dulce
y siempre pero siempre
con su inesperado corazón

recuerdo su trabajo en la edición de Susana Thenón

su atenta sonrisa que
se distraía
sin embargo

casi nos íbamos a juntar
en mayo
para evocar a Cayetano Guzmán
(poeta colombiano argentino colombiano con quién fundó y cumplió una parte del ciclo Interiores)
y casi nos juntamos el año pasado 
no pude
porque
casi nunca llego a Buenos Aires (prefiero no viajar al extranjero)

vivía envuelta Inés
tengo la sensación
en esos rescates de la muerte

lo más importante de morir
es volver.


Alejandro Schmidt. (Hurtado de su blog)

Carina Sedevich | Gibraltar



Carina Sedevich | Gibraltar 



Dispongo una manta a los pies de la cama.

El fulgor de la luna en la ventana
se disipa cuando cierro los postigos.

Escucho a mi gata mientras bebe
de una taza olvidada en la cocina.

La noche entre las dos es agua dulce.
El corazón no se recoge ni desborda.

Comprendo que la soledad, como el amor,
trascurre mejor para un espíritu austero.



/


Mi hijo llama por la madrugada desde Gibraltar
donde hay mucha bruma sobre el mar, me dice.

Aquí se escuchan los teros sobre el campo.

El eco de la bomba de mi corazón
podría percibirse con las manos.
Quizás como una soga áspera y mojada
bajando la roldana de un aljibe.

¿Es posible el frío que sube desde el agua?
Tal vez el frío, hijo, nos perviva.


/


El olvido es un fruto que requiere trabajo.

Casi siempre tardío, pero rara vez dulce.
No es uva ni es la parra donde pende el racimo.

No es como la sombra que daría la parra
ni como sus raíces contraídas y bruscas.

Se parece a la piedra del cantero y la fuente
que apisona la parra, que la ordena y la ciñe.

*

Hay que hacer saltar el olvido de un golpe
como a una piedra caliza en la cantera.

Que se entibie en la mano que quiera tallarla.
Sea opaca a los ojos. Sea venérea y ajena.

*

Una piedra tan blanca es casi como un niño.
Casi un sacramento para mí.

Inclino mis huesos como panes ácimos
sobre cunas que guardan el amor ajeno.

Qué fue de la ternura que pude sentir.
La siento en la garganta bajar como una hostia.


/


Mi corazón, aunque avanza el otoño,
anda ligero como las isocas.

Que alguien me libre de pisotear, borracha,
la flor que crece en el solar que amo. 



  

Carina Sedevich (Santa Fe, 1972), Gibraltar. Dínamo poético editorial. Unquillo. Córdoba. 2015.

Jorge Aulicino | Crespúsculo



Jorge Aulicino | Crespúsculo


Se resiste a la tragedia el tiempo
a pesar de la ceniza volcánica que cubre
suburbios de esta ciudad y ciudades enteras.
Si miro los árboles, no sangran en una selva dantesca:
tienen un aspecto más bien indiferente y
fríamente taciturno;
en lugar de brasas, los números luminosos
del transporte colectivo parecen caramelos
en vidrieras heladas.
No nos atrape este Vesubio en extrañas
contorsiones en las casas no santas,
dice mi amigo, pues sería una forma trivial
de que el futuro nos recuerde. Queden
sólo números encendidos y raras sagas
de vampiros hemofílicos como pregunta
sobre esta enigmática superficialidad.


Jorge Aulicino (Buenos Aires, 1949), El camino imperial. Escolios. Ediciones Ruinas Circulares. Buenos Aires. 2012.

Gabriel Jiménez | Motín

Foto: Julieta Tornello



Guachero


Es por mí que se va a la ciudad del llanto, 
es por mí que se va al dolor eterno (…) 
abandona toda esperanza si entras aquí. 
Dante Alighieri 


No todas
las puertas del infierno
decían eso,
algunas quizás
sólo tenían
cinco puntos
dibujados
en la pared
de una garita;
en estas puertas
no hace falta
ningún poeta
que te acompañe
en la antesala,
caminás
con las manos atrás
entre las rejas y los alambrados
ya no importa nada,
ni hay carteles
que digan
caíste al Guachero,
el sistema
te lo hace saber
por otros medios:

estás solo
y no hay salida.



Anticoncha


Le aplicaron esa
antes de darle

para que sepa
por qué recibe,

y lo corrieron del pabellón.

No se le pega a las mujeres
y mucho menos
delante de la visita.

Es ley.



Paradoja tumbera

La palabra Libertad
está escrita
en todas las celdas.



Gabriel Jiménez (Mendoza, 1982), Motín. Ediciones Culturales de Mendoza. 2015.

Anuar Cichero | Ruinas de Chuang-Tzu




Anuar Cichero | Ruinas de Chuang-Tzu


las cien escuelas de kung fu
marchan a la guerra
se encontrarán en los campos de arroz
cada uno se deja llevar 
por el camino que indica su ocaso

/

miles de cuerpos yacen tendidos
sobre los campos púrpura
signos de una lengua muerta
que ya nadie habla ni escucha

las artes de la escritura y la espada se asemejan
basta un movimiento rápido y preciso de la mano
para hacer el trazo que hiera al oponente
o dibuje en su caída

el signo indeleble del cuerpo


/

(genio del río)

todas las tardes
la pesca es un modo de estar
a la orilla de las cosas que pierden consistencia

a veces escucha
la corriente devuelve una advertencia
"ya no hay vida al otro extremo de tu caña"

todas las tardes serán de pesca y espera
hasta que la tanza se corte



Anuar Cichero (Chubut, 1986), poemas inéditos, cortesía para este blog.

Maximiliano Spreaf | pone su navaja en mi cuello...

  


Maximiliano Spreaf | pone su navaja en mi cuello... 


pone su navaja en mi cuello
hinca despacio y dice
soy tu flor nublada
nací de los murales católicos del norte
quiero ver si tu sangre
merece habitar mi tierra

su carcajada y su beso duraron seis meses

hice el cálculo de su risa
vertí mi lágrima post medianoche
en el umbral de su espalda
sople el puro viento de oriente

punk not dead dijo el sepulturero
y partió de un hachazo la tapa de su ataúd




/



cuando no hay nadie atrapado en mi jaula
te extraño

doy golpecitos al ataúd
escucho tu promesa

dejo las pastillas en la mesa de luz
duermo con tu vestido puesto

/



¿no somos acaso esclavos de vientres secos?
¿no es la soledad odio y nada más?
¿un golpe de aquél que no esperábamos?
la humanidad es niebla
y los demás un monstruo de mil cabezas
y cientos de miles de mujeres huyen a Lesbos
y muchos más hombres veneran a Dioniso
la locura ritual arrastra al silencio
solo queda eternizado el golpe


la libertad no sos vos ni el barrilete
la libertad es el hilo que te quema las manos


Maximiliano Spreaf (Buenos Aires, 1975), poemas de cortesía para este blog.

Eugenia Cabral | La voz más distante




Eugenia Cabral | La voz más distante


Claroscuro

Doncella oscura,
pliegue de cortinaje
más leve que la sombra
que desearía sostenerte
porque, al menos,
ella es una sombra,
una memoria
de perdido destello
y hasta -quizás-
ocultamiento de una luz.
Pero la ausencia que tiene
tu cuerpo es un destino,
bella sombra esclavizada
al rey que te abandona
(cada día) por una amante 
que ni siquiera posee
la oscuridad de tu voz.

/


Tantas veces has creído
que no volverías a ver la luz del día,
que no remontarías la punta de tu dedo
fuera del borde de la ventana
y, ahora, como si nadie te mirase,
encuentras -demorados en el patio-
la brevedad de la tarde, el cansancio
y la huella de salitre que ha calado las paredes.
Sin embargo, no es coherente,
¡si estás muy lejos del mar,
de los salitres, de toda salina!
¿De qué manera el salobral
podría carcomer los revoques de tu casa,
las punteras de tus zapatos?

Mas, aunque dudes, ahí estás,
comprobando la improbable huella,
el salivazo despiadado
de una sal que no escogiste.



Eugenia Cabral (Córdoba, 1954), La voz más distante. Pan Comido. Córdoba. 2015.